Movimiento en Pro de la AUTONOMÍA Universitaria

Compartir

Anexo 4

 Movimiento en Pro de la AUTONOMÍA Universitaria

David Bravo Cid de León

Artículo publicado en El sol de Puebla en dos partes, la primera el 25 de octubre de 1956 y la segunda el 2 de noviembre de 1956

El Sol de Puebla, 25 de octubre de 1956

I

Metapolítica 005

Toca a las actuales generaciones la gloria de emprender y consumar la reforma universitaria, que ha sido anhelo de las generaciones del último lustro, pero que por causas que resultaría prolijo mencionar nunca jamás se había podido llevar a cabo.

Plasmar en una realidad las inquietudes del idealismo universitario, nacidas al calor de las normas formativas que rigen en el tiempo del estudio, auspiciadas por la propia inconformidad del que estudia, es tarea noble y constructiva que requiere, más que ninguna otra, definición en la postura y la lucha gallarda y victoriosa.

Pasando por encima de absurdos sincretismos o de eclecticismos agnósticos en doctrina universitaria, propios de los conformistas, este año las generaciones presentes nos lanzamos a la conquista de tan anhelada meta, seguros de obtener el éxito deseado, con optimismo generoso capaz de lucha y de victoria con la consigna de darle ser a la universidad, como debe ser, de acuerdo a los postulados de civilización occidental, que en el Medioevo creó y dio ser a la Universidad.

Entendemos por Reforma Universitaria, especialmente en Puebla, una estructuración completa, posible solamente dentro de los lineamientos de un auto gobierno real y de hecho, que permita jerarquizar y ordenar desde los sistemas hasta los valores universitarios.

La universidad tal como lo hemos expuesto en la exposición de motivos que acompañamos a nuestro anteproyecto de Ley Orgánica, que dio material al Consejo para exponer ante las autoridades del Estado el “pensamiento oficial de la Universidad” a través del proyecto que elaboró es: “El supremo órgano de la cultura y de la civilización, a quien compete propugnar por la perfección del sujeto humano en la plenitud del ámbito de su vida”. Es decir, la institución que forja integralmente al sujeto humano haciéndole útil a la sociedad y a la Patria. Su finalidad  por lo tanto es ontogénica, sus fines específicos, eminentemente sociales, culturales e intelectuales. Debe ser pues lo más perfecta posible en su estructura humana, por cuanto está formada por personas humanas, y en su jerarquía de autoridades y sistemas y valores, so pena de no rendir los frutos deseados, sino sólo medianías, que por su incompleta formación sólo contribuyen a engrosar las capas sociales del anonimato, es decir, de la mediocridad.

La Universidad que no se organiza de acuerdo a los postulados de nuestra herencia cultural se aparta del humanismo y por tanto no será universidad en el sentido estricto de la palabra, sino un simple colegiote donde se abusa de lo teórico-político, es decir se materializa a los sistemas y a la ciencia misma.

La carencia de una formación humanística integral, junto con el abandono de la filosofía, frustran en las generaciones la posibilidad de conocer y solucionar los problemas sociales y en estos momentos que parece que el edifico de los valores humanos amenaza ruina, nadie está más llamado a tal conocimiento que la juventud que por responsabilidad ineludible está llamada a construir el México del mañana.

Al apartarse la Universidad de los cauces humanísticos, ha agotado su capacidad crítico filosófica y ha hecho que el universitario moderno contribuya en parte a la deshumanización relativa de la ciencia, desembocando en virtud de su propia inercia en el más egoísta de los utilitarismos personalistas, provocando así desvinculación de las disciplinas que vertebran la Universidad, convirtiéndola en fábrica de Facultades carentes de espíritu orgánico.

La Reforma Universitaria se vuelve imperativa para las generaciones actuales, es decir, acentúa la responsabilidad de luchar por una total reestructuración universitaria.

Precisamente el error básico y fundamental de la Universidad actual, es la forma de enseñanza enciclopedista, que entraña la despreocupación por lo filosófico, y por ende la desarticulación de la comunidad universitaria. Cuando las disciplinas científicas se multiplican y surge la especialización como satisfactor a las necesidades de “Hoy”, las instituciones de cultura, especialmente la universidad, se enfrentan a la necesidad de jerarquizar los estudios e intensificarlos, preocupándoles por la investigación y sobre todo, por la crítica filosófica, desde los primeros grados hasta los últimos de la investigación.

La universidad no salva sus errores ni consigue lo arriba especificado, si no se le estructura de manera tal que pueda satisfacer sus necesidades propias y las de la sociedad, puesto que es ella misma, módulo y medida del avance intelectual del hombre en lo social.

Para lograrlo es imprescindible que sea AUTÓNOMA, es decir que goce de AUTO-GOBIERNO, INDEPENDENCIA ECONÓMICA Y LIBERTAD ACADÉMICA que es lo que demandamos este año los universitarios maestros y alumnos, por cuanto maestros y alumnos conjuntamente hemos denunciado el pensamiento oficial de la oficial de la universidad, en materia AUTONOMÍA a través del consejo.

Esta forma de autogobierno, que recae directamente en el organismo de máxima representación universitaria —el consejo— es el único que permite un predominio de lo racional sobre lo irracional, de la DEMOCRACIA universitaria sobre la anarquía universitaria que actualmente, es doloroso decirlo, ha irrumpido en determinadas ocasiones, precipitando soluciones de problemas universitarios que dejan mucho que desear y que en repetidas ocasiones la autoridad subsiguiente se encarga de des-solucionar lo aparentemente solucionado; cuando no los estudiantes nos avocamos las soluciones de los problemas en cuestión . Este sistema de “CONSEJO UNIVERSITARIO, MÁXIMA AUTORIDAD” en la Universidad, solución, digo, resolución tomada por los universitarios en concursum, es decir corporación de maestros y alumnos, impone la jerarquía de autoridades, bajo sistemas genuina y auténticamente democráticos, que la más pura y racional lógica denuncia en este orden; Consejo Universitario, máxima autoridad; Rector, ejecutor de las decisiones del Consejo; Academias de maestros y alumnos y directores de extensiones culturales y de investigación, dejando a los gremios estudiantiles la posibilidad de rebeldía en caso de que algún organismo universitario traicione sus fines o los principios de la institución de la que forma parte.

La Universidad, o sea la corporación de maestros y alumnos, sostenemos inquebrantablemente la decisión tomada por el Consejo Universitario respecto a la jerarquización de las autoridades en la Universidad, y declaramos a la opinión pública que juzgaremos como una burla a la Universidad el que elementos extraños traten de imponer un sistema distinto, como se rumora, una “junta de gobierno”, que originaría un estado mil veces peor que el que se originaría un estado mil veces peor que el que se originará con el pero de los rectores. No es fácil pasar por encima de una resolución votada por una “CORPORACIÓN DE MAESTROS Y ALUMNOS”, que al ser declarada por su máximo organismo representativo, ipso facto, se vuelve “PENSAMIENTO OFICIAL UNIVERSITARIO”.

II (Continuación)

Cabe en estos momentos aclarar ante la opinión pública, y dado que esta bandera autonomista que tenemos la gloria de enarbolar –los primeros—por lo que hace a la provincia, ha provocado resonancia nacional, declarar mediante la Cadena de Periódicos “García Valseca”, cual es y en qué ha consistido la moción de autonomía que presentamos los universitarios, maestros y alumnos a las autoridades del Estado, y que este diario hace mención de ella en su edición del pasado 26 de octubre.

La autonomía es un requisito indispensable para que se realice en la práctica, la democracia universitaria, tomada no en un sentido demagógico, así como la adaptación a nuestro tiempo y nuestro medio, del concepto tradicional que define a la Universidad como: “La comunidad de vida, de maestros y estudiantes, en la investigación de la verdad y en la liberación de los hombres por la verdad”.

Consientes de la responsabilidad que sobre nosotros gravita, defendemos ahora, más que nunca dicha moción, que nos parece justa, razonable y necesaria, y que hemos presentado después de agotar, en su análisis y en su estudio, otros sistemas autonomistas que la práctica ha demostrado como insuficientes y motivadores de funestos resultados para el conglomerado universitario y para la sociedad-

En síntesis, dicha moción contenida en ante-proyecto de Ley Orgánica presentada por el Consejo Universitario, consiste en:

  • Fijar como “máxima autoridad jerárquica en el gobierno universitario al Consejo, presentándolo como un cuerpo colegiado y, por tanto, como tribunal de última instancia en materia universitaria.

El consejo agrupa, en su integración, a las dos partes componentes de nuestra máxima casa de estudios, asegurando así la participación del estudiante en la organización universitaria, que es postulado inalienable de la Reforma Universitaria que ha recorrido toda América, proclamando la tesis de la autonomía —en su nacimiento— en el Primer Congreso Internacional de Estudiantes Universitarios realizado en julio de 1918 en la ciudad de Córdoba, Argentina, que afirma en su resolución. Refiriéndose al Consejo Universitario, la Comisión cree que es garantía para el progreso de la Universidad, la formación de organismos directivos, formados por representantes de maestros y alumnos, que impedirá la creación de círculos preponderantes (Juntas de Gobierno, por ejemplo) al par que obligará a una acción solidaria de elementos que hoy parecen antagónicos.

Ahora bien, el Consejo está integrado por:

Miembros de hecho y derecho; por los directores de cada Facultad o Escuela, que son electos por el propio Consejo a propuesta en terna de las academias de maestros y alumnos, respectivamente; por los maestros consejeros, electos por el voto de las academias respectivas; por los consejeros alumnos, que conquistan participar del gobierno orgánico universitario mediante sus promedios, y que son electos por el voto de todos los integrantes de su Facultad o Escuela. Este organismo es presidio por el “jefe nato” de la Universidad, que lo es el rector y por el secretario general de la universidad. De esta manera se evita el centralismo desmedido, que ocurre cuando la autoridad se concentra en una sola persona, que ni puede atender por sí solo los aspectos —académico, administrativo y técnico—, ni tampoco puede, en virtud de sus propias actividades profesionales, consagrarse íntegramente a la institución que representa. Las autoridades estudiantiles, como lo es el presidente de la FEP, participan con voz, más no con voto, diferenciando de esta manera la autoridad netamente universitaria.

  1. II) Por lo que toca a cada Facultad o escuela:

Fija como autoridad responsable del adelanto y buen funcionamiento de la misma, incluyendo en la cláusula a los departamentos de extensión universitaria y cultural, a los directores ya mencionados, asistidos por las propias academias respectivas.

Una vez expuesto lo esencial de nuestra moción, rechazamos cualquier otra forma de gobierno, como Juntas de Gobierno en lo administrativo, técnico y académico, porque tal sistema resulta contranatural a los fines y misiones universitarias, dado que la pondría en manos de un reducido número de personas, que seguramente transformarían la Universidad en un instrumento político o mercantilista, descentralizándola dMetapolítica 005e sus fines específicos, que son exclusivamente culturales y científicos.

Que no se diga mañana que fuimos impulsados en nuestras demandas por el optimismo ciego, desorientado… o por la inercia de nuestra rebeldía universitaria. Precisamente en virtud de esta rebeldía, perfectamente definida y orientada en ese sentido, “rechazamos categóricamente un sistema de gobierno que por lo antes dicho, resulta contranatural para una corporación vital de maestros y alumnos”.

Me gusta la vida, me gusta el amor. Soy aventurero re-vacilador,

Be first to comment