Las torres de Ciudad Satélite, entre la plegaria y el mercado

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Mathias Goeritz en colaboración con el arquitecto Luis Barragán. Torres de Ciudad Satélite, 1957. Fotografía de Armando Salas Portugal.

 

En las Torres de Ciudad Satélite (1957), Mathias Goeritz adoptó el perfil del rascacielos como emblema de modernidad urbana; sin embargo, su discurso las medievalizaba al atribuirles un carácter sacro, de plegaria que asciende, como las antiguas catedrales y sus campanarios. No obstante, la función de estas torres fue promover la especulación inmobiliaria, a la manera de un desmesurado anuncio publicitario.

La consistencia visual de la propuesta y este anudar tiempos y significados históricos contrapuestos, en la lógica de la confrontación bipolar, condijeron al triunfo de un arte público nuevo, de geometrías asociadas a los lenguajes de la abstracción, pero asimismo a la tradición del gran arte religioso del pasado, lo cual tendía a menguar el papel protagónico del gran arte religioso del pasado, lo cual tendía a menguar el papel protagónico del discurso estético-social de los muralistas.

Las Torres, con alturas entre 37 y 57 metros, fueron ideadas para ser vistas desde un auto en movimiento, y por efecto óptico parecen elevarse conforme el observador motorizado se acerca, lo cual fija un instante donde se produce un coque visual, un momento de asombro en que el poder simbólico se impone. Goeritz se definió por la movilización afectiva (la estetización del efecto); de ahí que la creciente recepción crítica de este signo colosal en cemento armado lo transformará en emblema nacional de modernidad, acorde al discurso en boga del desarrollismo.

Texto tomado del catálogo: El Retorno de la Serpiente y la invención de la Arquitectura Emocianal de Mathias Goeritz 

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Me gusta la vida, me gusta el amor. Soy aventurero re-vacilador,

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