Incendio en Babel (Fragmento) por Yussel Dardón

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Camillo Ferrari

Incendio en Babel

(Fragmento)

por Yussel Dardón

 

Pequeña nota rescatada del tercer incendio de Babel

El fuego es trascendencia, renacimiento de la idea y la materia. Las flamas consumen el pasado y dan pauta al futuro, al tiempo de sembrar la duda anaranjada del porvenir. Pensemos en el carbón que de tanto arder arroja a la atmósfera brasas que la golondrina de Babel recoge al vuelo. Después de tragarlas, del cuerpo minúsculo del ave brota un nuevo plumaje multicolor, incendiario, hermoso

16 hrs., 48 min., México

Las nubes se agolpan en el cielo de Babel como borregos ennegrecidos antes de ser trasquilados. El padre, de pie junto a un montículo de tierra, le pide a gritos a su hija que corra hasta la casa, que se oculte bajo la mesa. Con lágrimas en el rostro pero siempre obediente, la pequeña se dirige a toda velocidad al que ahora es su único refugio.

A tropezones y con caídas espontáneas atraviesa el pastizal; en su trayecto recuerda la mirada de su padre, perdida en las alturas, a la espera de alguna señal para huir. ¿Por qué no ahora? ¿Por qué observar esa luz ámbar que se abre paso entre las nubes?

La niña entra a la casa y busca con desesperación la escopeta, pero al intuir el peligro se oculta con el arma bajo el tablón. A su alrededor la madera de la cabaña cruje, arde poco a poco.

Distingue la luminosidad anaranjada que parece intensificarse con su respiración. Asustada y llena de culpa la niña se cubre la nariz para evitar que continúe el estallido multicolor. Es inútil. Los espectros luminosos se arremolinan en uno solo para formar un torbellino cromático, incandescente.

Ella siempre ha visto en su padre a un hombre valiente, fuerte, dispuesto a sacrificar todo por verla con bien. Ahora es distinto, pues a pesar de quedarse en el campo como roca para observar el fuego celeste lo ve llorar, y justo ahora lo escucha gritar.

La niña se lleva la escopeta al pecho, se atraganta de aire mientras escucha a su padre golpear la puerta para derribarla. Presa de temblores, alcanza a distinguir los gruñidos de quien hasta hace poco le pidió alejarse para estar a salvo.

Una columna de humo se escabulle por los tablones de la casa y asfixian poco a poco a la niña que, con desesperación, pretende cubrir su nariz y boca con las manos; sin embargo, son tan pequeñas que no alcanzan a protegerla por completo. Sabe que necesita dejar de llorar, que su padre se calle, que el piso no arda.

El hombre, mientras aúlla como bestia moribunda, atraviesa la puerta envuelto en llamas. Mira con desesperación su entorno. Los ojos, inyectados no de sangre, no de lágrimas, sino de un líquido violeta, alcanzan a su hija. La niña sale con temor de su escondite para huir, pero el cuerpo llameante de su padre se lo impide.

Lo observa con ternura: jamás lo encontró tan adolorido, ni siquiera en las extenuantes jornadas de trabajo campestre. Las lágrimas, que lavan su rostro cubierto de tizne y ceniza, dejan tras de sí una luminiscencia tenue. Su padre, consumido por el fuego pero aún de pie, intenta abrazarla. Ella da un paso atrás y apunta la escopeta al amasijo de llamas, da una bocanada ardiente y de un disparo le revienta el estómago.

La niña llora al lado de la fogata que una vez fue su padre. Levanta el rostro y observa por la puerta al campo arder, a las arboledas que se apilan en llamas y las nubes color marrón que se confunden con el humo cada vez más espeso. La pequeña siente a las brasas incrustarse en su piel.

Una ola de fuego consume la casa y sigue su trayectoria.

Pequeña nota rescatada del sexto incendio en Babel

Dicen que el hombre que tenga por mascota a una salamandra es inmortal, que en el fin de los tiempos los seres conjurados por ella caminarán con pies de fuego sobre la tierra mientras observan el camino arder, y cómo de entre las llamas surge una parvada de fénix hambrientos. El ave de fuego que habita Babel come salamandras.

Estación de radio de @BUAPoficial

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