¿Cuánto vale la información?

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Son muchas las áreas temáticas que nos podrían ser de utilidad para dar respuesta a esta pregunta y de entre ellas cito a la economía. Algunos especialistas en esta materia nos dirían que valdría la pena identificar el producto final, es decir, un libro o un artículo de revista, y cuestionar a su autor sobre los costos en los que incurrió para realizar su trabajo.

En este proceso resaltaría la valoración en dinero, de las horas de investigación y de escritura, así como los montos destinados a la adquisición de recursos materiales para la ejecución de la investigación lo que incluiría las fuentes documentales, los traslados y estancias para conocer a fondo el objeto de estudio, los medios para compilar y analizar resultados, y un largo etcétera que estará en función del área del conocimiento.

De esta forma es posible vislumbrar que cada investigación tendrá costos diferentes, por ejemplo, no es el mismo costo el hacer una investigación en el área de química donde que requiere reactivos y equipos de laboratorio, a una en ciencias sociales que para validar sus resultados necesite el levantamiento de encuestas a cientos de personas en diferentes momentos y lugares.

Vemos entonces que el costo económico es una manera oportuna de valorar la información que nos remonta a entender que cada producto (libro, artículo, etc.) tiene un valor directamente relacionado a su proceso de producción.

Ahora bien, ¿qué sucede cuando toda esa información se nos hace accesible por medio de internet o por medio de una biblioteca? ¿Su amplia accesibilidad nos infiere a que el costo se reduce a cero? La respuesta es no, y vemos entonces que existe otra forma de valorar la información que es a partir de su disponibilidad. La perspectiva del costo de la información en los ojos del autor es muy diferente a los del lector pues mientras uno invierte en producirla, el otro invierte en accederla. A partir de esta división podríamos abordar brevemente lo relativo al costo de los libros. Para cualquier bibliotecario ocupado en la compra de libros nos diría en lo general que los libros del área de la salud, los de ciencias exactas y los de ciencias naturales comúnmente  tienen un costo superior a los de ciencias sociales y estos a su vez son más caros que los de humanidades. ¿Por qué el cambio en los costos? La respuesta está, creo yo, en la complejidad editorial para su publicación y el volumen del tiraje, es decir, regresamos a las variables económicas de costos de producción pero ahora desde la mirada del editor.

¿Entonces es más caro estudiar Medicina que estudiar Filosofía? Si se trata exclusivamente de analizar el costo de los libros parece que la respuesta es lógica, pero a su vez la misma respuesta nos lleva de regreso al tema de la disponibilidad. Las bibliotecas universitarias destinan prácticamente la totalidad de sus recursos económicos a la adquisición impresa o electrónica de fuentes de información, buscando con ello que los costos de producción y disponibilidad no sean un obstáculo para el usuario de la información, aunque cierto es que no existe biblioteca en el mundo ni sistema de información en línea que tenga absolutamente todo.

Vemos entonces que son muchos los jugadores en la escena de la producción y distribución de información, empezando por los autores y sus temas de investigación, pasando por los editores y llegando a los distribuidores quienes cada vez más apuestan por modelos de negocio donde intervienen las nuevas tecnologías para hacer llegar más rápido el producto informacional a manos del cliente final.

Por su parte, el usuario de la información la valorará no sólo por su calidad, sino por la oportunidad con que disponga de ella en el momento preciso que la requiere.

*Ricardo Villegas Tovar
Jefe de Servicios Especializados de Información
Dirección General de Bibliotecas / Benemérita Universidad Autónoma de Puebla

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