Discos sucios: La Fachada de Piedra

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Carlos Horcasitas

La Fachada De Piedra es una banda mexicana (y digo es porque sigue viva, con sus respectivas y numerosas reparaciones), de Guadalajara para ser exactos. Los primeros trabajos sobre La Fachada los echaron tres gringos y un mexicano bajo el dulce cobijo de algún hoyo fonky.

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La música que interpretaban estos tapatíos fue un duro golpe al orden que la clase gobernante, comandada por Díaz Ordaz, estipulaba en ese entonces. Era un sonido que atentaba contra las buenas costumbres, puesto que atacaba directamente el cuerpo de las juventudes mexicanas y lo infestaba de baile y libertad. Una delicia al oído de cualquier amante del blues, el rock pesado y la psicodélica.

Formada a finales de 1967, surge en la nutrida movida rockera de “guanatos” que vio nacer a Los Monstruos, The Spiders, La Revolución De Emiliano Zapata, 39.4 y Toncho Pilatos.

El éxito de la banda en Guadalajara fue un ascenso vertiginoso hacia la cúspide, que llegaría hasta su presentación en la versión mexicana del festival de Woodstock, Avándaro. Según el mito, llegaron a tocar por casualidad, sin ser anunciados en el cartel.

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Sin embargo, por cuestiones de payola, falta de promoción y confianza por parte de sus disqueras no despegaron por completo, como muchas otras bandas de la época.

Y precisamente de esta falta de promoción se desprende el escaso material grabado que dejarían a la posteridad: nunca grabaron un LP como tal, aún teniendo composiciones propias y de alto vuelo. Sólo grabaron dos EP: una grabación en vivo de su presentación en Avandaro de 1971 y un segundo EP de estudio en 1972. Ambos editados en el formato de 7 pulgadas a 45 revoluciones por minuto.

Su segundo EP, que es el que nos atañe aquí, abre fuerte el lado A con una línea de bajo bien ponchada y maciza, seguida en la melodía por los teclados (para esta grabación la fachada había sido reconstruida y ampliada). Certeros golpes de toms y crash van marcando el acento en el primer golpe del compás, casi de forma marcial. El tema es “Paseando al perro”.

De súbito una distorsión en la guitarra corta el ritmo con un golpe sostenido y cuando mengua las percusiones rompen la calma doblando el tiempo. El bajo sigue el paso, furioso, corriendo tras el apresurado compás. Las guitarras van rasgando el aire con su melodía y sus requintos. La sensación general es como correr detrás de un san Bernardo que casi te arrastra por la calle.

Ya encarrerados, entramos al segundo tema del lado A: “Zapatitos tristes”. Sinceramente, no tengo palabras para describir este tema, con su tiempo roto y lleno de contratiempos.


Hay algo fabuloso que rodea a los discos de 7 pulgadas y que a mi en lo particular me fascina. Este formato resguarda un sinnúmero de actos musicales que a pesar de su valía sólo se lanzaron y editaron en esas mágicas piezas circulares de plástico. Tal es el caso, por ejemplo, de los ya hiper famosos Saicos, que con solo 6 obscuros singles sacudieron al mundo 40 años después.

La semana pasada, mientras le daba vueltas en mi mente a esta nueva columna de discos sucios, leí un artículo en el que el DJ Greg Wilson hablaba sobre este maravilloso formato y de cómo, después de descubrirlo gracias a sus hermanos mayores y a la rockola del bar de sus padres, marcó su historia en el quehacer musical y lo impulsó a comenzar una prominente carrera a los 15 años.

Y el formato es relativamente reciente, si tomamos en cuenta que la historia de la música grabada comienza con el gramófono cilíndrico de Alva Edison en 1877. RCA introduce el disco de 7 pulgadas a 45 revoluciones por minuto en 1949 como una respuesta de mayor duración y calidad que el sencillo de pasta de 10 pulgadas a 78 rpm

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La cara obscura de la luna, o el lado B del 7 pulgadas suele ser sorprendente. Otras veces, logra incluso opacar el brillante lado del que se supone vendrá el hit.

“Moviéndose aprisa” es un tema de rock & roll hecho y derecho. La bataca, como en cualquier tema digno de ser llamado rock pesado, no deja espacio más que para mover la cabeza de atrás hacia adelante. Con este tema abren el misterioso lado B


Este lado lo acompaña el tema “La misma vieja historia”. La letra, cantada en inglés, es un aviso de desalojo: “me voy, nena, porque no soporto tus mentiras”. La misma historia de siempre. Un tema con una progresión de notas bien bluseras en el que destacan los solos del teclado y la guitarra. La harmónica no podría quedar fuera de este cuadro, y menos mal que no lo hace.



El devenir de la música a través del tiempo siempre ha estado íntimamente relacionado con los espacios donde se escucha, sus públicos y la forma en que es consumida por este último. El single de 45 rpm revolucionó las prácticas musicales, puesto que sólo podían grabarse 3 minutos de música en cada lado. Los músicos comenzaron a confeccionar sus composiciones para adecuarse a este nuevo formato.

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Hasta bien entrada la década de los 60, éste sería el estándar de grabación: sencillo = 3 minutos (o menos). Pero las cosas cambiarían con el sencillo de Bob Dylan “Like A Rolling Stone” (que duraba 6 minutos); vino a cambiar las reglas de producción de los hits para la posteridad.

A partir de 1970, con el auge del movimiento disco, comienzan a producirse los singles de 12 pulgadas, cuya cantidad de espacio disponible para grabación permitía surcos más amplios y por ende una mayor potencia en el volumen. Y el sencillo de 7 pulgadas comenzó a ser relegado, poco a poco, hasta casi desaparecer.

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Carlos Horcasitas es antropólogo, cazador de discos y fauna local cholulteca; forma parte de La República Del Sabor. Lo encuentras en twitter como @carloshorksitas

Programa radiofónico. De lunes a viernes de 10:30am a 12:00pm por 96.9 fm Radio BUAP. Va de música contra la lasitud.

1 Comment

  • Responder diciembre 9, 2015

    Amigo

    Muy buena columna Charles. Nunca habia oido de esta banda.

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