Puebla de los Ángeles vs. Puebla de Zaragoza

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Carlos_Fuentes

El presente texto fue escrito por Carlos Fuentes en el contexto de las luchas Universitarias en la segunda mitad del siglo XX, el cual fue publicado en la Gaceta Tiempo Universitario, en su año 6. Núm. 3, el 12 de febrero de 2003

Un siglo después de la victoria liberal de Calpulalpan, un siglo después de que el clero y la minoría conservadora prepararon la invasión francesa y ofrecieron la corona imperial a Maximiliano, cincuenta años después de iniciada la revolución mexicana, 44 años después de haber sido promulgada una Constitución que establece el carácter liberal y científico de la educación, la más vieja querella de México —la disputa entre liberales y conservadores— vuelve a librarse en la ciudad de Puebla.

Un conflicto interno universitario ha rebasado su marco original para convertirse en el ensayo general de los conservadores mexicanos contra cualquier intento de mejoramiento, económico y progreso cultural del pueblo mexicano. Los estudiantes de la Universidad Autónoma de Puebla, miembros de una nueva generación consciente de que su deber no consiste ya en prestar homenaje verbal a las conquistas revolucionarias de México, sino en hacerlas efectivas, plantearon desde el mes de abril la necesidad de cumplir dentro de su casa de estudios los requisitos de una educación universitaria moderna. Honradez contra los malos manejos del rector Armando Guerra y sus amigos. Objetividad científica contra la paulatina conversión de la Universidad de Puebla en una cátedra dogmática de la extrema derecha.

Contra estos hechos —la deshonestidad administrativa y la enseñanza confesional— se levantaron, mayoritariamente, los estudiantes universitarios de Puebla. Habían contemplado la formación de un “Consejo de Honor” autofacultado para nombrar y remover rectores, e integrado por miembros o adictos del Partido de Acción Nacional, la Unión Nacional Sinarquista, el Frente Universitario Anticomunista y los Caballeros de Colón. Habían asistido al nombramiento, por el llamado “Consejo de Honor”, de directores de facultades afiliados a esos grupos de extrema derecha. Habían sido testigos del hostigamiento de los maestros liberales por miembros del Frente Universitario Anticomunista, introducidos como “estudiantes” en las clases de esos maestros a fin de faltarles sistemáticamente al respeto y obligarlos a renunciar. Habían padecido la sustitución de los maestros liberales por miembros del FUA y profesores religiosos dedicados a denigrar la obra de Juárez y conducir una campaña contra la vigencia del artículo 3º constitucional. Habían soportado la integración de un Consejo Universitario ultra-conservador, la reprobación sistemática en los exámenes de los estudiantes liberales, para impedirles formar parte del Consejo, y las actividades terroristas de los bien pagados miembros del FUA dentro de la Universidad. Habían escuchado, de labios de un “consejero universitario”, la proposición de sentar a los estudiantes en las aulas en grupos divididos de acuerdo con su posición económica.
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La mayoría estudiantil, al desconocer al rector Guerra y elegir al rector Glockner, sólo restituía a la Universidad de Puebla los principios legales de la vigencia del artículo 3º, la libertad de cátedra, la autonomía estudiantil y la honradez administrativa. Lo pretendieron, y lo lograron. Pero las fuerzas arrojadas por los estudiantes de la Universidad no estaban dispuestas a perder ese frente. Es bien conocida la actitud de rebeldía ilegal asumida por las “fuerzas vivas” poblanas. El movimiento de depuración y libertad universitario fue calificado de “comunista” y los industriales y comerciantes de Puebla declararon que no pagarían impuestos y que cerrarían sus comercios.

Los estudiantes, dirigidos por el Comité Estudiantil Poblano, no se dejaron amedrentar. Su lucha por los más claros e invulnerables principios de la vida universitaria siguió adelante. Ya los industriales y comerciantes habían tratado de convertir el conflicto universitario en un conflicto social más amplio. Ahora, se decidió jugar la última carta: convertirlo en un conflicto religioso. La jerarquía eclesiástica de Puebla intervino para plantear la disyuntiva: con el cristianismo representado por las “fuerzas vivas”, el exrector Guerra y los profesores derechistas, o con el comunismo representado por los estudiantes y los profesores liberales.

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A través de una carta pastoral del arzobispo de Puebla, desde el púlpito diariamente, en los colegios confesionales privados, con magnavoces y volantes, proclamas e inserciones pagadas, en la ciudad de Puebla y en los pueblos aledaños, la jerarquía eclesiástica, en estos momentos, azuza a los fieles, los cita a concentraciones públicas y define claramente el objetivo inmediato: tomar de nuevo la Universidad de Puebla, reducto del “comunismo”, y devolverla a sus legítimas autoridades: la UNS, el FUA, los industriales y los comerciantes.

¿Qué hay detrás de los hechos? Indudablemente, el ensayo general de la derecha mexicana, destinado a medir la cantidad y el poder de sus propias fuerzas contra las de los movimientos liberales y progresistas y, aún, contra las del Gobierno. El manifiesto lanzado el 28 de mayo en Puebla por la UNS no puede ser más explícito. “El problema universitario de Puebla —dicen los sinarquistas— no es un conflicto interno; tan no lo es, que los vándalos no tan sólo pretenden destruir toda autoridad, sino que haciendo acopio de blasfemia, han injuriado abiertamente y en actitud de reto a toda una sociedad cristiana, insultando a la Santa Iglesia y a sus prelados”.

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Dice más adelante el manifiesto sinarquista: “Un gobierno que da muestras de impotencia, que es irresponsable y que desatiende su función de gestor del bien común, es un gobierno que no merece subsistir”. Es un secreto a voces en Puebla que estos elementos han hecho acopio de armas en varios pueblos cercanos y que por ello no es una mera baladronada que proclamen: “… Aquí estamos los sinarquistas dispuestos a unir nuestros brazos y nuestro corazón a los de todos los patriotas que sincera y decididamente quieren el bien de México. Vamos levantando la cara todos y démonos cuenta que la crisis actual no se remedia con lamentos sino con actos generosos que nos lleven a defender las esencias vitales de cristiandad de nuestro mundo occidental”.

Las fuerzas están formadas. De un lado, están los estudiantes, los profesores y los profesionistas liberales de Puebla. Frente a ellos, la organización poderosa de la industria, la banca, el comercio, los sinarquistas, el Frente Universitario Anticomunista sostenido por la embajada de los EU, y el clero. En el centro, como siempre, un gobierno que quisiera lavarse las manos y dejar que los problemas se resolvieran solos. Pero esta vez, lejos de contentarse con el escudo de la “iniciativa privada”, las fuerzas conservadoras se han descarado y han puesto al frente de la batalla a los sinarquistas y al clero. ¿Tolerará el Gobierno el reto abierto de las fuerzas históricas combatidas por la Independencia, la Reforma y la Revolución? ¿Reconocerá, por fin, que los eternos enemigos de México siguen en pie, dispuestos a vengarse de sus derrotas históricas? ¿Se dará cuenta de que Iturbide y Gutiérrez Estrada, Labastida y Miramón, Victoriano Huerta y Aureliano Blanquet no son fantasmas ni han sido liquidados, por más que hoy se disfracen con las togas de la “iniciativa privada” y “la civilización occidental”?

La Puebla de los Ángeles está combatiendo contra la Puebla de Zaragoza. Desde las azoteas del viejo edificio de la Universidad, una guardia permanente de jóvenes apasionados por la justicia y la libertad de su casa de estudios y del pueblo al que pertenecen, vigilan sin cesar. Ellos no permitirán, su libertad de cátedra y su honradez les sean arrebatados.

Abajo, detrás de los muros de las iglesias, en los despachos de los bancos, en las oficinas de las industrias, otros hombres, no menos decididos que los estudiantes, se disponen, nuevamente, a plantear la eterna lucha entre la minoría de los privilegiados y la mayoría de los que, para ellos, no cuentan. Su arma de defensa, disensión y engaño —Puebla lo demuestra— volverá a ser la Iglesia: Cristo deberá defender el agio, Cristo deberá defender las utilidades, Cristo deberá defender el dinero atesorado en los bancos.

¿Registrarán los heroicos estudiantes de Puebla de Zaragoza el embate combinado de las fuerzas más poderosas y mejor organizadas de México? Sí, resistirán hasta el fin. Pero, ¡cuánto más segura sería su lucha si detrás de ellos, estuviera una gran organización popular mexicana, capaz de alertar a toda la nación contra el peligro de esta nueva insurrección de las mismas fuerzas que asesinaron a Hidalgo, coronaron a Maximiliano y sacrificaron a Madero!

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