Medicina de mujeres (en el siglo XIX)

Compartir
Ciencia y vida académica en Puebla en el Siglo XIX

Fachada de la Botica Francesa

Las expresiones populares que aluden al parto son “dar a luz” y “aliviarse”. Dentro de los métodos y recursos de atención heredados del pasado prehispánico se encuentra la administración de bebidas y preparados herbolarios con el fin de tranquilizar a la mujer, suministrarle calor, para estimular contracciones y aligerar el parto. Algunas de las especies vegetales que Cal registra para este universo patológico son las siguientes.

Cihuapatli. De cihua “mujer” y patli “medicina”; medicina de la mujer en náhuatl, genero linneano Montanoa. Entre los remedios más usados para constreñir el útero están el zoapatle o  cihuapatli  y el epazote desde nuestras raíces prehispánicas el arte de partear estuvo fuertemente ligado al mundo de las plantas medicinales mencionadas en el discurso que solían pronunciar las comadres al iniciarse la labor de parto:

“Señores padres y madres de estos casados que aquí estáis presentes: ya está muchacha anda en días de parir, y anda fatigada con su preñado… conviene señores que reciba algunos baños, que entre nuestra madre del horno del baño que se llama Yoalticitl,  que es la diosa de los baños.”

También se le recomendaba a la mujer que se pusiera en manos de una buena partera o ticitl, y cuando la futura madre sentía los dolores del parto le daban un baño y después de él le daban a beber la raíz de cihuapatli molida “que tiene virtud de impeler o empujar hacia fuera a la criatura.”

Ciencia y vida académica en Puebla en el Siglo XIX

Enfermerías del antiguo Hospital de San Pedro

 Francisco Hernández registró cinco especies de cihuapatli, la hemolítica, el mayor, el tepitzin, el yyauhtlino, y el anodino. Del primero, así nombrado por parecerse a la planta hemionitide, posee una raíz fibrosa, con muchas ramas delgadas, rectas, cilíndricas y vellosas, hojas oblongas, blandas y flores blancas dispuestas en umbelas. Se afirma que esta cihuapatli cura las indisposiciones de las mujeres; las españolas que vivan en Nueva España la llamaban “yerba de la madre” y a las mujeres que parían se les daba un cocimiento de la misma para facilitar el alumbramiento. Un puño de hojas machacadas y puestas en agua o en algún licor se daba a beber para disminuir las hinchazones del vientre, provocar la regla  y curar la hidropesía. El cihuapatli mayor o yerba de las mujeres, también conocido como yerba uterina, es superior a la hemolítica y de forma admirable provoca la regla y cura las indisposiciones relacionadas con la misma. Tiene raíces semejantes a cabellos donde nacen tallos largos, flores rojas y pequeñas dispuestas en espigas en la punta de las ramas, sus hojas son como de albahaca pero más redondas, de sabor amargo. El cihuapatli tepitzin tiene la raíz delgada, algo larga y fibrosa, de donde nacen tallos delgados, menores que los de la anterior, con hojas como el albahaca u orégano pero más pequeñas, da un fruto pequeño en las últimas ramillas de los tallos, espigado y lleno de semillas. El yyauhtlino tiene raíz ramificada de donde brotan tallos leñosos y ásperos con hojas nada aserradas y flores escarlata, con olor y sabor buenos y agradables. La corteza de su raíz introducida en agua cura la fiebre retirando los accesos, removiendo el vientre o provocando sudor exterminando la causa de muerte. El conocimiento del ciihuapatli anodino, de raíz fibrosa, tallos largos blanquecinos con hojas como el gordolobo y flor grande y blanca, aplicado en fomentos quita todos los dolores.

Ciencia y vida académica en Puebla en el Siglo XIX

Fachada de la época de la Sociedad Ibáñez y Lamarque, siglo XIX

Cal señala que el cihuapatli o zoapatle crece en los alrededores de Puebla y particularmente en el cerro y barranca de Guadalupe. Caracteriza a toda planta como estomática, diurética y pectoral. Confirma y respalda lo que Francisco Hernández registró sobre esta especie, pero advierte que sólo debe usarse en los partos perezosos, cuando estos no dependen de una mala posición de la criatura. Todos estaban de acuerdo en que el zoapatle o cihuapatli bebido con chocolate era ideal para inducir al parto. Se considera que el cihuapatli, junto con otras plantas autóctonas como el epazotl, el yoloxochitl, el tecomaxochitl, el cochitzapotl, el tepeoaxin, el yahuitli y el mecapatli, traspasaron la barrera del tiempo integrando la parte autóctona de la herbolaria mexicana. El uso contemporáneo de esta planta ha sido descrito en importantes estudios de carácter regional.

Atlanchan. El atlanchan o atlanchane, o Cuphea lanceolata, significa hierba que nace en lugares acuosos o vecina del agua, ha sido descrita con raíces ramificadas, de donde nacen ramas largas, cilíndricas, delgadas, lisas, rojizas, huecas, que arrastran por el suelo y no más gruesas que plumas de ganso. Sus hojas son como de sauce y flores oblongas en el extremo de las ramas, semejantes a cápsulas rojizas. Sus raíces fueron consideradas de naturaleza fría y seca, astringente, por ello detiene la disentería y casi todos los flujos. También se registra un segundo atlanchane que tiene raíz larga, blanca, del grueso del meñique y cabelluda, de donde nacen tallos con hojas oblongas y suaves. Se considera refrescante para quienes presentan una fuerte fiebre y se hallan sueltos del estómago y del vientre.

Cal informa que el atlanchan se daba en abundancia en los alrededores de Puebla; afirma que en esa misma ciudad las usaban las comadres como un poderoso sedante de las paridas, untándoles en las espaldas y caderas la yerba fresca, bien machacada después de haberse bañado en el temazcalli.

Cuando no se obtenía la yerba fresca hacían una tintura alcohólica con la seca, la que era usada en friega en las mismas partes a donde se aplicaba la fresca, con iguales efectos según se decía.

Ciencia y vida académica en Puebla en el Siglo XIX

Gabinete de Química en el Colegio del Estado de Puebla

Rosilla. La Commelia tuberosa, especie denominada por Cal como rosilla, posee nombres en náhuatl como coapatli, zacamatlalin, zoyalxochitl, matlalitzic y matlalxochitl, y es conocida vulgarmente como yerba del pollo debido a que los apostadores de gallos de pelea la empleaban para detener la sangre que estos derraman de las heridas. José Antonio de Alzate realizó una amplia descripción de este vegetal y reconoce con el nombre de rosilla a la que florea de color azul, pues existen diversas especies, y la describe como un importante auxiliar para contener hemorragias. Sugiere además que los cirujanos para contener la efusión de sangre podrían emplea el jugo o la sabia de la yerba del pollo que es un mucílago y que este

además de servir para obstruir, tapar, sofocar y cerrar contiene partículas antisépticas y nutritivas que impiden que se produzca gangrena.

Cal señala que la rosilla se usa en los mismos casos que la yerba del pollo, no le da la misma clasificación botánica, y por sus propiedades la considera muy útil en la úlcera uterina.

Flor de Pascua. También conocida por el nombre de cuetlaxochitl, y cuyo nombre científico es Euphorbia heterophylla, se le ha reconocido la propiedad de aumentar la leche en las nodrizas. Cal informa que cuando las nodrizas notan escasez de su leche, para aumentarla toman una infusión de esta flor. Las flores se hierven en un cuartillo de agua común que puede ser endulzada con jarabe de adormideras o azúcar, que se debe tomar dos veces al día. También se mezclaba con la misma infusión con pulque, fórmula muy conocida en las antiguas boticas.

Fray Bernardino de Sahagún también registró la costumbre de las nodrizas de bañarse con agua de cuetlaxochitl con los mismos objetivos. Francisco Hernández registra una especie nombrada chichioalpatli o medicina de los pechos, entre su descripción indica que posee “tallos de dos codos de largo con hojas como de almendro y aserradas, pero más amplias y más delgadas, y flor amarillo rojiza surcada de líneas rojas”.

Además la define como de temperamento refrescante y húmedo y que el juego de la raíz untado en los pechos les aumenta la leche, de donde viene el nombre. Cal y Bracho pudo constatar el empleo de esta yerba en el hospital de San Pedro, durante la rectoría de Ignacio Domenech, existían amas de leche para cuantas criaturas se presentaban por estar sus madres en cama, y si después de su convalecencia perdían la leche, continuaban el fondo piadoso de esta limosna hasta decretar a los pequeño, y además siempre se les socorría con pañales y demás ropa de su uso. En 1796 existieron 23 chichihuas o amas de leche, y en 1797 existieron 56.

Ciencia y vida académica en Puebla en el Siglo XIX

Zócalo de la Ciudad de Puebla en un domingo de fines del siglo XIX o principios del siglo XX

Epazote. El epazote o epazotl cuyo significado es “planta olorosa”, es una yerba odorífera u olorosa que nace en tierras templadas y calientes, suele comerse mezclada con salsa o condimento. Su cocimiento corrobora el pecho de los asmáticos, ayuda a la digestión, el cocimiento de las raíces detiene el aglutinamiento en la sangre, desvanece las ventosidades y expulsa del vientre los animales nocivos, por ello es reconocido vermífugo. Cal afirma que el epazote o Chenopodium ambrosioides existe en toda la república, además de ser bien conocido por el uso que se hace de él en varios alimentos.

Su infusión usada como medicina provoca poderosamente el sudor, la orina y la menstruación, cuando está detenida por debilidad del útero.

También cura los flatos y fortalece el estómago, y se ha usado en lugar del té de China hasta con mayores ventajas, y en Europa esta planta se conoció con el nombre vulgar del té de México. La anterior noticia aparece en el Apéndice al Diccionario Universal de Historia y de Geografía de 1856 y que coordinó Manuel Orozco y Berra.

Moictle. El moictle o mohuitli o hierba purpúrea, posee raíces ramificadas, de donde nacen tallos de dos palmos, sarmentosos torcidos y cilíndricos con flores escarlata alargadas, hojas de yerbamora un poco blanquecinas por debajo y tienen un sabor como de pepinillo.

Se consideraba de naturaleza fría y templada y glutinosa, empleado para curar las disenterías y detener el flujo menstrual excesivo si se toma, cuantas veces sea necesario, el agua donde se haya remojado machacado por algún tiempo.

También se le ha atribuido que cura la sarna y tiñe las lanas de color púrpura. Cal también lo nombra como trompetilla y proporciona una noticia que publicó Alzate en sus Gacetas de Literatura  sobre la virtud antiapoplética de esta planta y el uso que se hacía generalmente como antiepiléptica. Su nombre botánico es Justicia tinctoria.

Tzonpantli. Tzonpantli o tzonpanquahuitl en náhuatl, tzite entre los quiches, xoyo o xk’olok’max en Yucatán, y en español comúnmente conocida como colorín; la Erythrina corallides es una antigua planta alucinógena que es referida en el Popol Vuh.

Las flores rojas de este árbol llamadas chompantles son comestibles, pero las semillas son altamente tóxicas y contienen sustancias alucinógenas, los chamanes se sirven de ellas para las prácticas adivinatorias y no se conoce ningún antecedente de que hayan sido ingeridas.

De los antiguos yucatecos se sabe que las aplicaban para curar los dolores de encías, para la mordedura de un insecto nombrado xacat be, y para enfermedades de los ojos, hinchazones, úlceras y abscesos. Cal informa que es un árbol abundante en los contornos de México y Orizaba, que sus hojas promueven los menstruos y que su corteza es astringente. También señala que la madera del tzompantli era muy usada en lugar del corcho, de la que se hacían tapones como de éste y que se destinaba para otros usos mecánicos.

Ciencia y vida académica en Puebla en el Siglo XIX

Madero en el Colegio del Estado en 1911. Siglo XIX

Maguey. Francisco Hernández describe al maguey como una especie que produce hojas como las de azibar o sábila pero mucho mayores y más gruesas y que llevan por ambas partes espinas y se rematan en una dura y agudísima punta. Su tallo es doblado en cuyo extremo nacen en las flores amarillas y largas y en lo más alto estrelladas, y pasando el tiempo produce unas semillas como las de los gamones o batatas. Sus proporciones algunas veces igualan s longitud y altura con un árbol de mediana grandeza. Hernández registró diecinueve variedades del maguey.

Las propiedades terapéuticas del maguey o Agave americana son ampliamente reconocidas por Hernández y por Cal y Bracho. Hernández señala que del azúcar que se obtiene del licor de maguey o agua miel los indígenas producían vinagre que deshacían en agua y expuesto al sol por espacio de nueve días, el sumo resultante provocaba la menstruación en las mujeres, además de ablandar el vientre, mover y limpiar la vías de la orina, mundificar los riñones y la vejiga, y quebrar las piedras. El cocimiento de tres o cuatro hojas de metlcoztli con tres o cuatro chiles solían darlo los médicos indígenas a las paridas algunos días después del parto para confortarlas.

Cal y Bracho, al reconocer los poderes terapéuticos del maguey o Agave americana señala que en el Hospital de San Pedro el pulque era empleado para tratar a los hidrópicos, a quienes se les hacía tomar una infusión que se componía agregando dos dracmas de sal catártica o sulfato de magnesia a una libra de pulque.

(El presente fragmento es de la autoría de la Dra. Ana María Dolores Huerta Jaramillo, contenido en el libro “Ciencia y vida académica en Puebla en el siglo XIX”, editado por Ediciones de Educación y Cultura en la Colección espacial Bicentenario)

1 Comment

  • Responder noviembre 12, 2015

    Martha Porras

    Precioso y maravilloso. Nadie sabe tanto sobre boticas como la doctora Ana María Huerta, es una delicia leerla.

Leave a Reply