Dismaland: la nueva crítica de Banksy a la sociedad del espectáculo

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Texto: José Antonio Armería Lozano

 Muchos de nosotros hemos visto alguna vez las obras de Banksy, el polémico artista ingles del Street Art. Banksy es mejor conocido en el mundo por sus satíricas piezas de arte callejero, mismas que cuestionan múltiples aspectos del estado actual de nuestra sociedad. Algunas de las obras que lo han llevado a la fama son el graffiti de un policía revisando en un operativo a Dorothy  (la tierna niña del Mago de OZ), o el graffiti de Mickey Mouse y el payasito Ronald Mcdonald paseando felices agarrados de la mano a un niño africano desnutrido.

Aunque poco se sabe sobre la verdadera identidad de Banksy, pues el artista ha logrado con efectividad mantener la clandestinidad de su personaje, se sabe que nació en la ciudad de Bristol al suroeste de Inglaterra y que su edad ronda los cuarenta años; incluso hace poco se publicaron las primeras imágenes de Banksy haciendo un mural en una comunidad zapatista en 2001 en Chiapas, en esa misma publicación se menciona que Banksy habría visitado el sureste mexicano como portero del equipo de fútbol Easton Cowboys & Cowgirls para enfrentar al equipo Luchadores por la Libertad de las comunidades insurrectas de Chiapas.

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La historia de Banksy en el arte ha estado marcada por la polémica, su arte hace una fuerte crítica a la realidad social, se burla de las corporaciones multinacionales, de las políticas migratorias, del abuso policial y evidencia lo absurdo de la sociedad de mercado.  Al mismo tiempo en que es seguido por muchos jóvenes, es criticado por los sectores más conservadores. El británico eligió el graffiti con plantillas, mejor conocido como Stencil, para desarrollar técnicamente su propuesta y desde un inicio se ha mantenido fiel al carácter clandestino e ilegal del graffiti.

Las acciones más controvertidas del artista en los últimos años han sido la instalación montada en el parque de diversiones de Disneylandia, donde colocó entre los juegos mecánicos muñecos arrodillados con overol anaranjado y la cabeza tapada, haciendo alusión a los sometidos presos de la cárcel de Guantánamo; o bien la colocación de cuadros suyos en prestigiosos museos como el MOMA de Nueva York o el British Museum de Londres entre otros. Siempre ha salido intacto.

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Banksy regresó en este 2015 con otro de sus irreverentes proyectos: Dismaland, un parque de diversiones que estuvo abierto al público entre el 22 de agosto y el 25 de septiembre pasado y cuyo nombre hace referencia a la palabra inglesa dismal que en ese idioma quiere decir “deprimente”; obviamente el proyecto hace también referencia satírica al parque de jugos Disneylandia. Dismaland es una instalación armada en un viejo recinto en el complejo de Weston Super Mare cerca de Bristol, para montarla Banksy invitó a colaborar a más de 58 artistas callejeros de varios países, algunos de ellos son: Damien Hirst, Jenny Holzer y Jimmy Cauty.

Cada uno de los rincones de este parque se convirtieron en una crítica irónica al mundo capitalista en general. El letrero de entrada es tajante “Se prohíben estrictamente pinturas en aerosol, grafiteros, cuchillos y representantes legales de la corporación Walt Disney”, equiparando a los últimos con el estereotipo de vándalo. El sitio web del lugar recibió 6 millones de visita en solamente un día, y en páginas electrónicas de ventas como ebay los boletos de entrada al parque se revendieron hasta en 1000 libras, esto es 1500 dólares o 2300 pesos mexicanos aproximadamente.

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Independientemente de las cifras, el proyecto de Dismaland volvió a mostrar la creatividad de su inventor y su capacidad de crítica a las convenciones sociales. Entre las piezas que fueron exhibidas se encuentran un castillo que cae a pedazos, una cenicienta fotografiada por paparazzis tras un accidente fatal en su carroza (en clara referencia a la monarquía inglesa y sus enredadas tragedias), un lago con balsas repletas de migrantes africanos, vehículos antimotines y muchas más. Los cuidadores del parque fueron personas hostiles con orejas de ratón que portaban un chaleco que decía “Dismal”. Todo el ambiente lleno de arte objeto en donde la ironía se reflejó en cada sitio.

Con Dismaland, Banksy demuestra una vez más que sigue siendo un artista de vanguardia en los conceptos que mueven su trabajo, el anti-disney creado por el británico rompió con el formato convencional y aburrido de las exposiciones y logró plasmar el carácter irreverente de su obra, otra vez. Aunque seguramente esta instalación será motivo de polémica, lo que nadie puede negar es que Banksy sigue siendo un artista que continúa haciendo una reflexión crítica sobre la realidad y la sociedad del espectáculo, y mucha gente se identifica con lo que hace.

Texto tomado del Chido BUAP 134

Estación de radio de @BUAPoficial

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