Discos sucios: Los Monjes

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Carlos Horcasitas

“La felicidad es la ausencia de la búsqueda de la felicidad” reza el aforismo del filósofo taoísta Zhuang Zhou, escrito en algún punto del siglo IV ac. Mi abuela, que no tenía idea de la existencia del filósofo chino, repetía de vez en vez un refrán que guarda cierta similitud con la idea de Zhuang: “el que mucho busca poco encuentra”.

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2009

Como buen estudihambre, mi medio de transporte más común eran mis pies; en parte porque me gusta caminar, pero en ese entonces mucho tenía que ver qué prefiriera ahorrarme la lana del camión. Meto las manos en la bolsa y me decido a caminar en un típico día xalapeño de neblina y lluvia. Hace frío, tengo los pies húmedos y todavía me faltan muchas pinches cuadras para llegar a mi casa.

Mientras ando por las banquetas resbalosas y calles tan empinadas desafían los pulmones de cualquier atleta, con las manos en los bolsillos jugueteo con los últimos 120 pesos que me quedan mientras pienso en qué voy a comprar para prepararme de comer y cómo voy a hacer para que esos pesos me duren los próximos 10 días.

El mercado de Los Sauces queda camino a mi casa, y aprovecho para pasar a comprar unas verduras y prepararme una sopa. A diferencia de Mafalda, yo amo la sopa y sobre todo cuando hace frío. Caching caching, 35 pesos menos al presupuesto.

Tengo mucho trabajo por terminar en casa. Estoy en plenos exámenes finales y siendo un procastinador profesional, dejé todo al último. Tengo prisa pues por llegar, pero para colmo en cuanto salgo del mercado la lluvia arrecia. No traigo paraguas. Voy a tener que esperar.

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Parado bajo uno de los alerones del mercado, escucho en mis audífonos la versión de “Los pasteles verdes” de Esclavo Y Amo mientras veo como los charcos comienzan a reflejar la luz de las farolas que una a una van prendiendo. Por ese entonces tenía un serio trauma con esta banda peruana; me intrigaba mucho la voz del cantante, que de no haberlo corroborado seguiría pensando que era mujer.

Media hora y la lluvia no para. Carajo. Ya tengo hambre; además, la bachita que me fumé en casa de Genaro está haciendo efecto. Me desespero y mis ojos saltan de puesto en puesto buscando algo interesante en qué clavarse por unos minutos para distraerme un poco.

De pronto me topo con un local lleno de escombro, carretillas de arena, vigas chuecas a medio cortar y un montón de muebles viejos cubiertos por una gruesa capa de polvo. Tres albañiles van y vienen con carretillas de cemento y me imagino que algo están construyendo en el segundo piso.

Me llaman mucho la atención los muebles viejos y comienzo, sin darme cuenta, a caminar lentamente hacia el local. Ya que estoy lo suficientemente cerca de la entrada, veo para mi sorpresa un mueble de alambrón de los que había en casa de los abuelos para organizar los LP. Y adivinen qué había en el mueble… oh sí, discos sucios.

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La caza de discos no es una actividad, es una forma de vida y está llena de casualidades y causalidades. Aunque precisamente no iba buscando discos esa tarde, de nuevo la casualidad me abofeteó en la cara. No sé por qué, pero más de una vez me he encontrado los discos más interesantes cuando ni siquiera estoy cazando, en los lugares que menos me imaginaba.

Quizá Zhuang y mi abuela tenían la certeza de aquello que yo apenas estaba descubriendo.

Hay un hombre parado en la entrada, hablando por teléfono. Me acerco a él y en cuanto deja de hablar le pregunto si vende los discos. “Por mi, llévatelo todo” respondió. No se diga más. Había unos 15 discos, a lo mucho. Así que el clavado fue rápido y jamás se me ocurrió lo que iba a encontrar ahí. Vaya, ni siquiera pensé que fuera posible llegarlo a encontrar en ese lugar.

Cuando lo vi se me aceleró el pulso y por dentro estaba dando brincos por todo el lugar. Por fuera, era un témpano y mi mirada probablemente hasta transmitía un cierto desdén por el hallazgo. Lo peor que puedes hacer cuando compras discos, es demostrar tu emoción y sorpresa por encontrar ese disco que tanto buscabas: ahí es cuando te clavan el colmillo.

– A ver, jefe, ¿cuánto por estos dos?
– Cuarenta pesos cada uno.

Llegó la pregunta que todo coleccionista se hace en algún punto de su vida ¿o como o compro este disco? La respuesta, en este caso, es sencilla. Sobre todo porque sabía que pasaría mucho tiempo para volver a encontrarlo en las condiciones en que estaba.

Los Monjes en el politécnico. Un disco de culto en la escena del garage mexicano. Aunque los temas que contiene se inclinen más hacia el jazz y la música clásica, pero las letras de Jorge Bracho (baterista y vocal; ah perro) le dieron ese aire de juventud sesentera. La última vez que se vio en venta en el internet fue hace 10 años. Ya llovió.


Grabado en vivo en el auditorio del politécnico nacional a inicios de 1966, según el virtuoso tecladista de la banda y fundador, Hesiquio Ramos: “No hubo mejor presentación que el politécnico; el auditorio exclusivo para nosotros. Para mí fue impresionante y emocionante ver una grabadora de cinta de época grabarnos en vivo, fue increíble, la máxima reacción de la gente al recibirla tan bien que nosotros en ese concierto dimos lo máximo”.

Esa energía que emanaba el público contagió al trío y se deja sentir en la grabación.


Los Monjes eran un trío fuera de lo común para la época. Sí hacían rock, y aunque en este disco coverearon los temas de “The House Of The Rising Sun” y “I Got My Mojo Working”, no usaban guitarras. Tal vez eso fue lo que más sorprendía de Los Monjes, además del nombre, que era ya un atrevimiento bárbaro frente a la sociedad católica conservadora mexicana.


Al igual que sus tocayos gringos, The Monks, estos chavos decidieron disfrazarse de monjes para sus presentaciones. Y ahí no se acaban las comparaciones ya que en lo aberrante de sus letras y en lo musical, tanto en el sonido como en la composición de algunos temas, la similitud entre ambos va más allá de la pura coincidencia.

De hecho, esta es una disputa que tengo con el patrón, Arturo Uriza: ¿habrán sabido los unos de los otros?, ¿se habrán escuchado? Es difícil saberlo y nosotros no nos ponemos de acuerdo. Pero si alguno de ustedes sabe algo al respecto, déjese caer.

*

Carlos Horcasitas es antropólogo, cazador de discos y fauna local cholulteca; forma parte de La República Del Sabor. Lo encuentras en twitter como @carloshorksitas

Programa radiofónico. De lunes a viernes de 10:30am a 12:00pm por 96.9 fm Radio BUAP. Va de música contra la lasitud.

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