Crónica: La ciudad del soul en Cholula, Puebla.

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La ciudad del Soul de Carlos Sánchez (Nitro Press, 2015).

Sólo he visitado Cholula un par de veces. La primera, hace no sé cuánto, vine con mis papás y hermanas a hacer el típico tour por las pirámides, callecitas adoquinadas y un zócalo con entrada a dos iglesias. La última fue un sábado en la tarde para asistir a un partido de bikini football: el aguacero que cayó impidió que el micrófono de mi celular funcionara el día de hoy.

Son algo así como las cuatro de la tarde. Los árboles que rodean al kiosco cholulteca me recuerdan las visitas a Los Reyes de Juárez antes de que podaran el parquecito frente al atrio. Óscar, Brandon y yo caminamos hasta detenernos a unos metros de la entrada de la Casa del Caballero Águila, en donde en un rato se presentará La ciudad del soul de Carlos Sánchez.

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Portada de La ciudad del soul.

Carlos se acerca acompañado de Raúl Linares y Óscar nos presenta. Siempre me ha causado fascinación el acento de los estados del norte: Ana, Franco, Iván, Matías. Todos hablan con esa musicalidad que contrasta con la mal lograda cantaleta fresona poblana.

Han dado las cinco y Raúl comenta que varias personas ya han entrado a Casa del Caballero Águila. Cruzamos la calle y entramos al patiecito con sillas desplegables ordenadas en filas e hileras sobre las baldosas. Mientras revisan lo necesario para comenzar con la presentación, Brandon y yo nos sentamos a platicar un rato de algo que más tarde, sin que lo supiéramos, sería mencionado por Carlos.

Comienza la presentación. Separador en mano, me recargo en la cómoda sillita negra mientras Raúl lee un texto preparado para esta ocasión. Espero que las señoras que vinieron a la presentación sepan que La ciudad del soul no es un libro para leer a sus nietos de tres años mientras intentan conciliar el sueño.

Raúl concluye su lectura e intento prepararme para lo que viene. Óscar lanza su primera pregunta, “es terrible cuando la realidad supera a la ficción”. El escritor hermosillense -¿o hermosillano?- externa la necesidad de escribir lo que pasa en su entorno. Dos días después, Crash publicará una entrevista hecha a Antonio Ortuño por Miguel Ángel Morales: “Lo que yo veía era un país que estaba como un caldero hirviente. Me parece que eso tenía mucho más que ver con lo que vendría que con esta idea tan cuadrada de El País del No Pasa Nada. Si la gente decía «El País del No Pasa Nada» es porque existía esta idea de «no nos quieren decir lo que pasa”, o porque no pasara nada.”

Sin embargo, Carlos no sólo sabe, sino que vive de cerca eso que pasa. Platica acerca de los talleres que ha dado en reclusorios de Sonora: nos advierte que puede sonar “arrogante”, pero cree que es ahí en donde su trabajo es necesario. Incluso nos comenta que se planea sacar una antología con textos autobiográficos escritos por los mismos reclusos.

Matar también es un libro trabajado entre las paredes de las cárceles: Carlos recopiló 18 entrevistas hechas a presos sonorenses. A palabras de Rubén Aguilar en su columna Lo que quiso decir, estas crónicas “ofrecen la versión directa, limpia, sin adjetivos y valoraciones morales, de los asesinos. En la construcción de esos relatos, que resultan demoledores, se hacen presente personas.”

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Página de Violenciudad, relato contenido en La ciudad del soul.

La charla entre Carlos y Óscar continúa hasta llevar al punto más emotivo. ¿La ciudad del soul es un libro que le recomendarías leer a Peña Nieto? ¿O cuál le recomendarías?

La sala se queda en absoluto silencio. Miro a Carlos y pienso en el furioso éxtasis que corroería a los chavitos radicales que conozco. Pasan unos segundos, respira y responde. Nos confiesa que sería dichoso si el mandatario pudiera leer su libro. Es un hombre que me conmueve muchísimo, ¿imaginan el odio y el rencor que debe cargar? ¿Podrá dormir tranquilo? ¿Podrá ver a sus hijos a los ojos?

Siento un escalofrío recorriéndome los brazos y me remonto sideralmente a las clases de economía del año anterior. Siete de la mañana. El sopor encerrado en el salón es interrumpido por la voz de la profesora al criticar duramente a los dirigentes del país tras haber leído una noticia en el periódico. Detrás de la modorra que cubre mi rostro, una revelación surge ante mí: hemos olvidado que también son humanos. Más allá de los trajes monocromáticos con bandas presidenciales, hay alguien que siente, piensa, sufre y, posiblemente, llora. Qué duro es verlos como uno de nosotros.

Cuando me doy cuenta, la presentación ha concluido y se ha cedido el micrófono para preguntas por parte de los asistentes. Las participaciones hechas me devuelven la certeza de que, a pesar del tremendo ego que implica ser un escritor (como lo mencionó Carlos), la literatura también debe estar comprometida con su realidad.

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Carlos Sánchez finalizando la presentación. Foto: Óscar Alarcón.

Peor que un encuestador del INEGI.

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