Mellon Collie y veinte años de tristeza infinita.

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Mellon Collie

El pasado 23 de Octubre, para sorpresa mía, mi disco favorito de todos los tiempos cumplió 20 años. Así que lo volví a escuchar, para ver si había algo de él que me desagradara y pudiera decir que es un disco malo. Pero no, no sucedió. Escuché las dos horas, los 2 discos, las 28 canciones que Billy Corgan compuso a través de encerrarse en su departamento a escribirlas, y en todo ese lapso no encontré un solo error que tuviera el álbum; no sé si sea el sentimiento que le tengo, o que de verdad es la obra maestra de los Smashing Pumpkins.

Para 1995, el conjunto originario de Chicago tenía ya un estatus de renombre en la escena de rock alternativo de los 90. Pasaron de ser una simple banda influida por rock progresivo y shoegaze a tener el potencial de llenar estadios. Todo iba bien, y la creación de Mellon Collie and the Infinite Sadness fue el punto cumbre de toda su carrera.

Con la misma ambición con la que fue creado The Wall, o The White Album, o cualquier otro disco que me puedas mencionar que  salió en los 70-80, Mellon Collie se convirtió en el álbum más vendido de los Smashing, y que para bien representa a toda una generación de adolescentes usando camisas de lana, junto a otros álbumes como  el Nevermind.

Entre una gama de nuevos instrumentos como piano (“Mellon Collie and the Infinite Sadness”), una orquesta (“Tonight, Tonight”) y sintetizadores (“Beautiful”), Corgan y compañía perfeccionaron su sonido, y crearon una nueva imagen de ser una banda versátil, que puede componer melodías pop (“1979”, “Lily (My One and Only)”, “We Only Come Out Tonight”).

De la misma manera, Corgan se volvió más introspectivo con su lírica, tocando temas como la fe en “Bullet with Butterfly Wings” (que es de sus canciones más famosas), el amor en “By Starlight” o la muerte en “Muzzle”, son algunas de las letras más representativas de los Smashing. A su vez, el álbum cuenta con el sonido grunge que los impulsó a la fama. “Zero”, “Jellybelly”, “An Ode to No One” son el ejemplo de que, si bien estaban expandiendo su sonido, mantenían las raíces que los caracterizó.

Dos discos, un concepto que se divide en día y noche, y que a su vez pierde su ilación. Enojo, tristeza, felicidad, amor, esperanza y una contrastante desesperanza: vida y muerte. Eso, es Mellon Collie and the Infinite Sadness, tercer disco de la banda The Smashing Pumpkins. Un clásico.

Ahora ve a escucharlo y recuerda con nostalgia los 90s.

Estación de radio de @BUAPoficial

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