Analizan tácticas de coerción sexual en jóvenes universitarios

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800x300 a Coercion sexual

Cualquier tipo de presión física o emocional ejercida por una persona para conseguir un encuentro sexual se denomina coerción sexual —una de las tres formas de violencia sexual que existen—; sin embargo, es la menos estudiada en México y América Latina, señaló Gabriela Josefina Saldívar Hernández, investigadora del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente (INPRF).

Desde hace varios años a través de la Dirección de Investigaciones Epidemiológicas y Psicosociales, el INPRF realiza estudios en relación con la coerción social en jóvenes universitarios para conocer la percepción e identificación de términos asociados con este fenómeno.

En entrevista para la Agencia Informativa Conacyt, la especialista en Psicología Social y Ambiental señaló que esta forma de violencia sexual es un fenómeno poco estudiado debido a los prejuicios y tabúes que predominan en las relaciones de pareja, lo que conlleva a una errónea asimilación del término coerción con la palabra violación.

En este contexto, la especialista desarrolló un estudio para medir la asociación entre las actitudes sexuales y la aceptación de los mitos de la violación con la coerción sexual en una muestra de 630 jóvenes estudiantes de universidades públicas y privadas de entre 17 y 29 años de edad, a quienes se les hizo un cuestionario para conocer su percepción e identificación de los términos coerción sexual y violación.

Principales resultados

Los resultados más importantes señalan que 51 por ciento de los universitarios entrevistados reportó experiencias de coerción sexual; los hombres la ejercieron casi tres veces más en comparación con las mujeres.

Una de las principales tácticas usadas por los varones para conseguir un encuentro sexual es hablar constantemente sobre sexo, pedir la famosa “prueba de amor”, el chantaje; utilizar los sentimientos de la mujer y el uso de la caballerosidad. Por su parte, las mujeres realizan insinuaciones sexuales a través del cuerpo, así como amenazas que contradicen la masculinidad de la víctima al ser calificado como homosexual.

“En el caso de las mujeres se trata de algo muy contradictorio, porque si bien diversos estudios sobre feminismo señalan que son vistas como un objeto sexual, se trata de un fenómeno interesante (…) Cuando una persona insiste a otra tener un encuentro sexual y esta última acepta pierde su autonomía, además de que ya no se trataría de sexo consensuado. Es importante tener un buen vínculo sexual. La empatía es primordial”, señaló.

Mitos en torno a la violación

A decir de la especialista, un dato interesante es que el grupo de investigación que aceptó haber experimentado coerción, en especial los de menos edad, culpan a sus víctimas de haber tenido una relación sexual forzada. Por otro lado, el grupo de estudio cree que los hombres, o bien personas con determinadas características físicas, no pueden ser violados.

De acuerdo con la especialista es importante hacer esfuerzos para erradicar las creencias que sostienen que los comportamientos sexuales abusivos en el contexto de una relación erótica y/o afectiva son normales o naturales; el carácter encubierto de la violencia en la pareja se debe a que tradicionalmente se le ha considerado como algo privado.

Saldívar Hernández advierte que las estrategias de prevención necesitan centrarse en una educación sexual que contemple la perspectiva de género, la comunicación y el desarrollo de habilidades para negociar un encuentro sexual, además de enfatizar la noción de los derechos de las personas de cualquier sexo y edad, así como la creación de programas integrados en la escuela, la sociedad y la comunidad.

“Se debe tener claro que en un encuentro sexual deben estar involucrados el placer, el deseo y el erotismo, pero entre parejas existe dificultad para negociar un encuentro sexual seguro y consensuado, lo que podría deberse a la falta de confianza de las personas”, concluyó.

Fuente: Agencia Informativa CONACYT

Me gusta la vida, me gusta el amor. Soy aventurero re-vacilador,

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