La epopeya de la mediocridad

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donde mueren los payasos

por: Ricardo Cartas

Desde hace unos meses he venido siguiendo la publicidad digital que produce la editorial española Blackie Books acerca de sus novedades. Había visto títulos que me llamaban la atención, quizá no lo suficiente hasta que vi la imagen de la novela Donde mueren los payasos de Luis Noriega (Cali Colombia, 1972), donde la anunciaban como el gran descubrimiento literario de la empresa.

Antes de afirmar o negar el slogan publicitario de la editorial, quisiera hacerles una pregunta a todos los lectores (mexicanos, sobre todo) ¿Qué piensan si un novelista (que quiere ser crítico de video juegos cuando sea grande), propone como “protagonista” a un payaso que lleva por nombre Cucaracho (con todo lo que representa ser una cucaracha dentro de la literatura), que tiene la pretensión de ser candidato a la presidencia de su país? ¿Díganme qué piensan? Exacto, si usted es mexicano va a decir que es lo más normal del mundo; si usted es de cualquier otra parte puede ser que le suene una excelente idea para hacer una novela con el humor más ácido que haya podido tener entre las manos. Todos los mexicanos que tuvimos la gran experiencia de vivir las más recientes elecciones, pudimos comprobar que nuestra política es rica en sus matices, tanto que hasta el payaso Lagrimita, a pesar de las complicaciones, logró ser candidato independiente para ser alcalde de Guadalajara, sí, como en la novela de Luis Noriega.

Donde mueren los payasos, es el sexto libro que publica y que el autor denomina como una farsa electoral y que se enmarca en una de las tradiciones más constantes dentro de la novelística latinoamericana, las novelas de dictadores. Es evidente el interés del autor, de sumarse a este grupo de novelas, pero ironizando el estilo de sus antecesores. La primera línea de la novela nos lo deja muy claro: “El otoño del patriarca fue una obra de un payaso muerto. O casi.” Mucho se ha hablado de la animadversión que se tiene por parte de los escritores jóvenes colombianos a Gabriel García Márquez, aquí una muestra de ello, pero finalmente hay un reconocimiento, un homenaje, creo yo.

La novela es una divertida historia de un país latinoamericano en un futuro más o menos cercano en donde se encienden las alarmas democráticas, que obliga a llevar a cabo elecciones para decidir quién será el próximo presidente de la república. Todo esto sucede gracias a que el payaso Cucaracho se atreve a hacer público su deseo mientras trabajaba en el restaurante “El sabrosón” y desde luego con la ayuda de uno que otro periodista:

Durante la siguiente media hora Cucaracho continuó pregonando los manjares de El sabrosón, pero el local fue elevado a la dignidad de palacio provisional de su excelencia Cucaracho José dela Santísima Trinidad, alias Bolas de Acero, actual conde de Matatigres, paladín de los hambrientos y los ahí todos, auxilio de los bostezadores y los pedorros, el único varón con las pelotas necesarias para enfrentarse al patriarca y echarlo para siempre del sofá presidencial en la contienda electoral que quedaba inaugurada en el acto, ante todos ustedes, señoras y señores, niños y niñas, porque este payaso se cansó de preguntarse quién la manda y se decidió a mandar. (11)

luis-noriega

Mientras se desarrolla la historia de la “tenebra” electoral latinoamericana, por otro lado, se da un diálogo entre el editor y el escritor de la novela (sí, de Donde mueren los payasos). Los diálogos son riquísimos, sabrosos, como si estuviéramos escuchando el mejor de los ballenatos (que tanto le gustaban a Gabriel García Márquez) y donde también se ejerce el poder, se discute sobre el poder y también se le padece. Al parecer, lo que Noriega desea es dejar en claro que el ejercicio del poder y todas sus consecuencias se patentan en cualquier momento, en cualquier nivel, pero que también cualquiera de sus representaciones son motivo de burla, de revertirlas en el espacio literario. El político encumbrado, los suplicantes, los periodistas, el editor, el escritor, el crítico el payaso, el practicante de yoga, todos desean el poder y se rinden ante él.

A fin de cuentas: ¿para quién escribía? Cuando le contó la tesis del editor sobre la novela como epopeya de la mediocridad, la mujer le dijo que eso estaba pasado de moda. Pretender satisfacer la mediocridad en todos sus matices era un ideal imposible, romántico. (361)

Creo que ahora sí estamos en condiciones para afirmar o negar el slogan publicitario que utilizó la editorial para llamar nuestra atención. ¿Ustedes qué dicen? ¿Se les antoja la novela? Creo que no hay equivocación alguna, fue un placer haber hecho la lectura y aunque no es una novela breve, ya que cuenta con 373 páginas, verán que si se animan, será una lectura ácida, llena de locura y humor. Luis Noriega es un escritor que goza de una capacidad asombrosa para detectar los arquetipos de una sociedad en decadencia, Luis Noriega es un autor al que le debemos poner mucha atención a sus próximas hazañas literarias (o de video juegos).

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Me gusta la vida, me gusta el amor. Soy aventurero re-vacilador,

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