El infinito en la palma de la mano (de Eva).

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Eva ya no está, de un momento a otro dejó de hablar. Se quedó quieta y dura. En un principio pensé que dormía. Más tarde la toqué y no tenía calor. La moví, le hablé. La dejé ahí tirada. Pasaron varios días y no se levantó. Empezó a oler mal. Se estaba pudriendo como la fruta, y tenía moscas y hormigas. Estaba muy fea.

 

-Jaime Sabines, Adán y Eva.

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Alberto Durero, Adán y Eva (1507), Museo del Prado, Madrid.

Desde tiempos inmemorables, los relatos del génesis ha influenciado distintos aspectos de la vida del hombre, no solamente hablando de religión y cosmovisiones, sino que se encuentran firmemente plasmados en expresiones como teatro, pintura e inclusive basándo ciertas conductas sociales. En esta ocasión, Gioconda Belli, escritora nicaragüense, nos habla de la mítica primera pareja, Adán y Eva, desde un enfoque fuera de lo común.

Belli fue militante del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), organización opositora al régimen somocista que estuvo presente en Nicaragua desde el año de 1934. Su adhesión en 1970 coincidió en la etapa en que comenzaba a escribir sus poemas, los cuales nos dan un preámbulo del corte erótico y figurativo de El infinito en la palma de la mano.

Con una carrera iniciada en 1972, Gioconda publica en 2008 esta novela, la cual fue galardonada en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara con el premio Sor Juana Inés de la Cruz, además del Premio Biblioteca Breve de Novela, el cual es entregado anualmente a una novela en lengua española por la editorial Seix Barral.

En El infinito en la palma de la mano, la escritora logra crear un escenario similar al establecido por el Génesis, pero en esta ocasión se relata a detalle la vida diaria de Adán y Eva, dejando de ser simples entes manchados del pecado original para convertirse en hombre y mujer, carentes de divinidad y llenos de comunes errores humanos.

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Gioconda Belli en el Festival de Poesía de Granada (2009). Foto: Arnulfo Agüero.

De acuerdo a un breve prólogo incluido al inicio de la obra, este relato está basado en ciertos libros apócrifos que Belli halló por casualidad. El periodo intertestamentario -de aproximadamente 6 siglos- consiste en el lapso de tiempo entre el Antiguo y Nuevo Testamento. Durante esta época se escribieron un sinfín de textos apócrifos que más tarde no fueron considerados por la iglesia católica para conformar su actual biblia, como los Libros de Adán y Eva.

Sea cual sea el origen o la veracidad de estos llamados libros perdidos, Belli logra remotarnos a los húmedos manglares nicaragüenses, además de plasmar inevitablemente la retórica presente en poemas como Como tinaja, De la mujer al hombre y Recorriéndote. Además de la intrínseca dualidad resultante de la contraposición Adán-Eva, la novela también involucra la relación Elokim-Serpiente. Elokim, vocablo hebreo presente en las escrituras judías, significa Dios.

El infinito en la palma de la mano no se limita únicamente a hablar de la sexualidad humana ni la vida en pareja, sino que involucra perfectamente la paternidad/maternidad y las implicaciones reales que conlleva una familia. Así, siguiendo con los relatos bíblicos, Caín y Abel aparecen en la escena pero esta vez se encuentran acompañados de Luluwa y Akila, ambas hijas de Eva y cuya misión -al parecer- es la de poblar al mundo.

Si bien se habla en conjunto de estos personajes milenarios que forman parte de la religiosidad de millones de personas, la obra da un enfoque especial a Eva incluso desde antes de ser expulsada del Edén. Se habla, por supuesto, de la Eva que come el higo -no manzana- del árbol, inspirada por la Serpiente y convencida de que esa es la voluntad de Elokim: la elección a su libre albedrío. De la Eva que, al igual que Úrsula Iguarán, sigue abnegadamente a su marido para juntos construir su propio destino. De la Eva que pare y da a luz a cuatro hijos que tendrá que afrontar y guiar para poblar esta tierra.

Gioconda Belli logra sorprender una vez más con esta gran novela, la cual se ha vuelto una de mis preferidas. Finalmente, como dice El Guajolote que Lee, lean sin límite de tiempo.

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Peor que un encuestador del INEGI.

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