Reseña de Stereolithic Riffalocalypse, de Shepherd

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Daniel Ahmed

Es casi una costumbre que, al hablar de una banda extranjera, en sitios ingleses o estadounidenses, lo primero en mencionar sea su país de origen. En lo personal, siempre he pensado que esta reacción, este sentimiento, viene de un lugar similar a lo que piensa un mexicano cuando le dicen que hay buenos mariachis en Japón o Colombia.

Es una especie de incredulidad respecto a la habilidad de los extranjeros de lograr un resultado respetable en una expresión artística que sentimos propia.

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En el caso de Shepherd, hablar de su lugar de origen es casi necesario. ¿La razón? La banda es originaria de India, un país que no es conocido por expresiones artísticas que se alejen demasiado de su folklor. En la música de Shepherd no encontraremos rastros sónicos de su lugar de origen. Sin embargo, al tomar un poco de perspectiva, estas situaciones ya no deberían de extrañarnos. Cualquier chico de quince años tiene al alcance de sus oídos una enorme lista de posibilidades e influencias.

Son justo las influencias lo primero que atrapa el oído al escuchar el trío conformado por Namit Chauhan en la guitarra, Abhishek Michael en el bajo y Deepak Raghu en la batería. Su misión es clara: tomar elementos de bandas como The Melvins, EyeHateGod e, incluso, Prong y Helmet, para envolverlos en un empaque más actual.

Esto se traduce en riffs que marchan a paso lento, bajos que engordan el ataque aural y una batería que hace un trabajo competente, acoplándose cuando hace falta agregar peso y tomando desviaciones cuando existe espacio para las mismas. El trío hace un trabajo bastante competente al ejecutar en sus instrumentos, creando una mezcla de sludge, stoner y hard rock.

Si bien el trabajo con los instrumentos es muy bueno, aunque discreto, la voz es otra historia. Al compartir el trabajo frente al micrófono entre los tres integrantes de la banda, en ocasiones, la banda puede sonar totalmente distinta de un track a otro.

Mientras que en “Spite Pit”, la canción que abre el disco, la voz nos recuerda el gruñido de Crowbar, en “Crook” logran emular bastante bien a Alice in Chains, con dos voces cantando en armonía y en “Bos Slime” nos ofrecen su mejor tributo a Wino, cantante legendario de St. Vitus, entre otras bandas.

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En teoría, estas referencias serían suficientes como para considerar el trabajo vocal como un éxito. Sin embargo, al ver este disco como un trabajo completo, nos deja la sensación de incosistencia. Si bien este esquema de labores vocales compartidas ha resultado exitoso para bandas como Mastodon, al menos en sus primeras producciones, a Shepherd le hace falta perfeccionarlo.

A esto hay que sumarle los problemas que tienen con el idioma. Desde problemas de sintaxis, que pueden pasar desapercibidos en las primeras ocasiones, hasta títulos que se sienten incómodos, como “Turdspeak” o “Black Cock of Armaggedon”.

A pesar de estas fallas, el disco es bastante redondo. Logran crear momentos memorables y, en su mayor parte, evitar el tedio que hemos llegado a relacionar con el sonido de las bandas que se relacionan con la etiqueta de stoner.

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Daniel Ahmed tiene barba desde los 15 años y está obsesionado con su last.fm. Fuma mucho porque le va a los Raiders y en Twitter le dicen @arrrghmed

Programa radiofónico. De lunes a viernes de 10:30am a 12:00pm por 96.9 fm Radio BUAP. Va de música contra la lasitud.

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