Francisco Neri Martínez especialista en tanatología impartío la conferencia “manejo del duelo” en la Facultad de Enfermería BUAP

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  • La tanatología es una ciencia que proporciona ayuda profesional al paciente en situación terminal, a sus amigos, familiares y a personas que han sufrido pérdidas de gran significado en su vida.

La conferencia “Acompañamiento durante el duelo”, impartida por el tanatólogo Francisco Neri Martínez, se llevó a cabo en las instalaciones del auditorio “Dr. Rolando Revilla Ibarra” de la Facultad de Enfermería de la institución. Ahí se abordaron temas como los diferentes tipos de duelo y sus etapas, la importancia de tener un acompañamiento cuando una persona está sufriendo la pérdida de un ser querido, del empleo, una mascota o un objeto muy querido.

“Este duelo se puede volver patológico si las personas no saben cómo afrontarlo, por tal motivo, se consideró la participación de gente especializada y con experiencia en el manejo de la tanatología. Al evento que tuvo una duración de más de dos horas, asistieron 120 participantes entre enfermeras y enfermeros de diferentes instituciones hospitalarias”, explicó, Socorro Villegas Velázquez, maestra en ciencias de la enfermería y subjefe de nivelación académica de la facultad.

Francisco Neri definió la tanatología como “una disciplina que ayuda a que los últimos días de las personas que están en etapa terminal y que son importantes para nosotros sean de los más placentero, que sepa y recuerde que es amado por todo lo que ha hecho”.

Neri Martínez, aseguró que “cuando nos dan una mala noticia o alguien muere, surgen etapas y mecanismos de defensa como la negación, después la depresión, en donde sentimos tanta tristeza que quisiéramos morir junto con ellos, luego mostraremos comportamientos de ira y miedo para finalmente aceptar que las personas han cumplido con su ciclo, solo así entenderemos a la muerte como algo natural”.

“Hay algunos ejercicios en los que uno puede meditar, pensar en que la persona que tanto amábamos y que ya no está era nuestro motor, alguien que nos influía a superarnos. De esta forma, podemos ser nosotros los que impulsaremos a ser mejores a nuestros hijos, hermanos o parientes. La conclusión es que cada duelo merece su momento, su tiempo, tenemos que llorar tanto como sea necesario para convertirlo en una forma de vida”.

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