(Aún más) Andamios zapateños: ‘Monólogos de la escuela’ llega a la prepa Cabrera.

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Viernes 8 de mayo. El Concurso Estatal de Teatro del Nivel Medio Superior 2015 -qué nombresote- se llevará a cabo hoy en la prepa Cabrera a las 9:30. De acuerdo a la convocatoria, hoy es turno de los participantes de nivel Avanzado, así es que Monólogos en la escuela hará su aparición. Denisse, Vera y yo llevamos en El Pez casi 3 años: entramos en primero de prepa. Julia entró un año después al grupo, pero eso no es algún impedimento para que sea una parte importante del taller. Como ella misma lo dice en El planeta de los simios no es de Kubrick, “la edad es sólo un concepto”.

El punto de reunión es la prepa a las 8 de la mañana. Julia envía un mensaje avisando que llegará a la Cabrera. Minutos después entra Vera por el zahuán colonial de la Zapata, se sienta y nos ponemos a platicar de cálculo, bioquímica y biología: ambos estudiamos en el área de la salud. Nunca hubiera podido imaginar que la chica que le marca a Filemón y estrella infinitamente el Nokia contra el suelo quisiera estudiar nutrición. Ya ven lo que dicen, hay de todo en la viña del Señor.

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Leo Gallardo.

Después de un rato llega Leo Gallardo y nos dirigimos al súper Foro La Regadera. Desde un día antes preparamos la utilería que necesitaremos: un poco de tela negra, el Nokia indestructible, la silla para acomodar en cada oscuro. Cuando vamos a salir, llega Denisse cargando su botella de agua: la gripe ha empeorado y su garganta se cierra. La escuchamos hablar un poco y sabemos que no será un inconveniente para que, una vez más, hable con la madre superiora.

Salimos de la prepa y tomamos un taxi exactamente enfrente: la Cabrera is waiting for us.  Los monologueros nos vamos atrás del Tsuru, Leo será copiloto esta vez. Alguna vez él también estuvo en nuestro lugar: prepo de El Pez siendo sheriff en La Vaca o el novio cacheteado en Arañas movedizas. Ahora estudia una ruda ingeniería en Ciudad Universitaria. En sus ratos libres va a la tele, hace trucos de magia con cartas, actúa en La regadera o se prepara para un concurso estatal de teatro.

Durante el trayecto, Denisse, Vera y yo le hacemos a eso de las selfies. A pesar de que hemos estado 3 años en la misma preparatoria, merodeando por los mismos pasillos y estudiando las mismas materias, nunca habíamos tenido un rato para hablar como cuates. ¿Cuándo me iba a imaginar que a Denisse y a mí nos gusta TNT de AC/DC?

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Denisse Reyes, Marifer Vera y Alan Robles.

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Actores de “Monólogos de la escuela”, obra de Rodrigo Durana.

Hemos llegado a la prepa: el pavimento florece bajo nuestros pies. Nunca antes había entrado a la Cabrera, sus edificios se parecen a los de CU (y los chavos también). No nos toma mucho tiempo encontrar el auditorio y ver el horario de las obras participantes: 9:30, somos los primeros en pasar. El staff nos conduce tras bambalinas y Leo se adelanta a la cabina de luces. Hay un camerino improvisado y Denisse entra para ponerse el uniforme de colegiala; en esta ocasión sólo utilizará el suéter con la playera polo. Llegan Julia y Leslie, güeras como de costumbre.

Queda media hora para que empiece el evento y, mientras tanto, nos preparamos para salir al escenario… bueno, también platicamos y echamos relajo que para eso es el teatro. Mientras, llega Rodrigo con el resto de la utilería: que la sillita verde, que la laptop, que la pistolilla de juguete. Acomodamos todo en el escenario, detrás del telón, y decidimos cómo entrará cada quien. De repente, un chico de staff llega y dice que, aunque ya es la hora de inicio, el jurado aún no ha llegado, así que debemos esperar. No problem, okey-dokey.

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Foto: Rodrigo Durana.

Tic-tac-tic-tac. El jurado ha llegado y todos salimos del escenario. Leo y Roque en la cabina, Les en el público y nosotros, nuevamente, entre largas telas negras. Entra Vera a la duela, da dos golpes en el piso. Se encienden las luces blancas desde abajo del escenario y el indeciso Filemón termina la llamada y le cuelga a su novia. Después de tanto tiempo, el display del Nokia logra romperse al contacto con el suelo de madera.

Hay un cambio en el orden: es turno de Denisse y su incansable dilema ante la madre superiora de la escuela. Tachas… ¿quién les dice tachas? Así le decían mis abuelitos. Lleva entre sus brazos una carpeta negra y, antes de llegar al final del texto, la voz de Vera se escucha resonar en el auditorio: Señorita, la madre superiora la está esperando. Un oscuro más. Siento el peso de la pistola en mi bolsillo derecho cuando Julia entra al escenario y pone su maquillaje sobre la mesa. Ayer estuvimos Leo,ella y yo en la prepa repasando su texto. Haz una voz diferente para cada maestro.

Hoy le queda perfecta la voz del profesor de cultura física. La señorita Josefina Iturbe, una vez más, se plantea una de las incógnitas de los 16: Si así es la prepa, ¿cómo será la universisad? Y la vida… una jungla donde los débiles no tienen cabida. Cuando se apagan las luces blancas y entro al escenario, debo abrir la lap que ha estado todo este tiempo sobre la mesa. Acomodo la silla en tres cuartos, veo al público en medio de la oscuridad. Qué incómodos son estos zapatos.

Al comenzar a hablar tanteo el nivel de la voz; el escenario es grande y con algunos ecos. Me gustan las coderas de esta silla porque puedo recargarme y jugar con el movimiento. Desde que era pequeño sueño con tsumanis. Estoy en la playa y una enorme ola se eleva frente a mí. Hoy no se eleva una ola, sino los aplausos del público cuando estamos los cuatro sobre el escenario, las luces prendidas y las cabezas agradeciendo.

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Antes de partir de la Cabrera, salimos del escenario y nos transformamos en público. Es turno ahora de la preparatoria 2 de octubre. No escuché el nombre de la obra pero, cuando llegamos a las butacas, Leslie se pasa a nuestra fila para verla mejor. Al menos ellos sí utilizaron escenografía y el telón en cada cambio de escena.

Concluye su participación y salimos del auditorio. La mamá de Julia fue a las obras; le parece que, al menos en sus tiempos, las situaciones que hemos representado en el escenario no eran tan frecuentes. Ojalá así siguiera siendo, señora mamá-de-Julia.

Es hora de regresar a la Zapata. Esperamos que muy pronto se vuelvan a presentar los monólogos en La Regadera, en la Cabrera o cualquier otro lugar donde alguien nos pueda escuchar. Nos despedimos sin saber que más adelante nos encontraremos nuevamente.

Peor que un encuestador del INEGI.

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