Entrevista a Bukowski

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Selección de entrevistas realizadas a Charles Bukowski de 1963 a 1993, hecha por David Stephen Calonne. Traductor: Mauricio Bares

En este libro (que pueden comprar aq), David Stephen Calonne efectuó una rigurosa selección de entrevistas realizadas a Charles Bukowski durante treinta años, selección que por supuesto incluye la primera en 1963 cuando la fama se asomaba, y la última en 1993, unos meses antes de que muriera de leucemia.

A lo largo de estas charlas, Bukowski afirma que 93 por ciento de lo que escribió era real, no puede decirse que sea su vida…

Por cortesía de la editorial Nitro-Press, les dejamos una entrevista hecha por Mary Ann Swisler.

Bukowski reflexiona

El erudito de la calle discute sobre los barrios bajos, las mujeres y la vida a los setenta 1990

Mary Ann Swisler.

Tiene cara de canción de Tom Waits sobra la amargura, y de peleas remuneradas y perdidas. Sus ojos chispeantes tienen el color de nada, enclavados hondo en su frente. La nariz, hinchada por beber durante por más de medio siglo, es emblema de un estilo de vida que el poeta y novelista Charles Bukowski ha contado en 45 libros de poesía y de ficción, así como en la película Barfly de 1987.

Su piel se ve lisa y avivada por las visitas diarias al hipódromo de los Ángeles. Sólo quedan unas pequeñas ampollas de un caso de acné adolescente que su doctor califico como el peor que había visto en su vida. Aún le brotan los recuerdos al comentar: “Cuando veo películas como El hombre elefante y El jorobado de Notre Dame, como que me identifico hasta cierto punto con esas pobres criaturas”.

El poeta y novelista Charles Bukowski (y Henry Chinaski, su alter ego) no ha hecho nada para cambiar su imagen de cronista del alcoholismo y de los barrios bajos, ni como poeta del infierno en sus libros de este año Septuagenarian Stew: Stories and Poems*, con sus acostumbradas referencias a los alcohólicos en recuperación, las feministas, y la clase media. Por ayudar más a su reputación, “Hank” recientemente prestó su voz, lenta, bluesera, para un documental de HBO acerca de la apremiante situación de los habitantes de los barrios bajos: The Best Hotel on Skid Row. Creación de los cineastas Renee Tajima y Christine Choy, que ha sido aceptado como tercer selección del festival de Cannes. Peter Davis coprodujo el filme de una hora.

Comparado con los vagos de hoy en día, Bukowski se considera con suerte, recuerda que sus días en esos lugares: “No estaba mucho en las calles. Me quedaba en pensiones baratas y pasé algunas noches en bancas de parques en diferentes ciudades, así que no era un espécimen de los barrios bajos. Me quedaba en la orilla… estaba tan cerca como podía, pero sin convertirme en ello”.

Mas que convertirse en una de las almas perdidas acerca de las que escribe, Bukowski ha cultivado una reputación internacional desde la publicación de su primer trabajo en 1960, Flower, fist and Bestial Waik. La mayor parte de su público no se encuentra en su país, sino en Alemania, el país donde nació.

Una tarde con Bukowski de setenta años revela a un hombre que va perdiendo su imagen tiránica y revela a un viejo león majestuoso. Aún así, se muestran tan decididos como siempre en arremeter contra los alcohólicos en recuperación, no por renunciar sino porque nunca tomaron lo suficiente para lamentar sus años de bebida. “He tomado mas alcohol que lo que la mayoría de los hombres ha tomado de agua”, presume.

Muestra de que Bukowski posee matices agradables son las tarjetas enmarcadas de cumpleaños y de San Valentín que hizo para su esposa y que cuelga en la sala. Como muchos escritores con mala fama, uno de los aspectos más fascinantes de su vida es el matrimonio con Linda, una residente veterana de la Bahía del Sur que se rebelo contra su antigua y adinerada familia de Filadelfia cundo era joven. Anteriormente, Linda Beighle dirigió uno de tantos restaurantes de comida saludable que poblaron Los Ángeles en los setenta. Aunque lo cerró en 1978, dos meses antes de que “Hank” le propusiera matrimonio, Linda dice que todavía le da consejos nutricionales a su marido. Logró que dejara de comer carne roja y ha limitado el alcohol a solo vino y cerveza. “Estará sano por años”, dice.

Village View: ¿Por qué narraste The Best Hotel on Skid Row?

Charles Bukowski: Lo hice por dinero. Especialmente cuando me enteré del tema. Sabes, sólo encajé por ser un ex vagabundo y haber vivido en los barrios bajos. Dijeron que necesitaban un narrador y yo dije OK. Nos dio algo de batalla embonar con las imágenes debido a que hablo muy lento. Así que bebí, Peter Davis trabajo conmigo y me regañó un poco de forma agradable. Lo logramos. Fue como domar a un viejo león raído y desaliñado para que ejecutara algunos trucos nuevos. Y lo hizo bien.

VV: ¿Qué es diferente en los barrios bajos ahora comparado con tus días ahí?

CB: Es mucho más difícil ahora con las drogas, con más desempleo y menos compasión por los desamparados que la que había. Y menos salidas. Así que es mucho mas triste. Cuando bajaba por allá, era una parranda. Sabes, ir a los barrios bajos un par de semanas. Podías rebotar de regreso. Ahora hay mujeres, familias, drogas y se matan entre ellos. Muy escalofriante, horrible.

En mis tiempos sólo éramos muchachos bebiendo. Y algunos se la pasaban bien, pensaban que era una aventura. Ahora no hay sensación de aventura. Están ahí porque no tienen otro lugar. No lo sé. Es una maldita pena que tenga que ser así y no sé que hacer al respecto.

Antes había más trabajos para alguien que no tenía un oficio. Sí quería trabajar, podía entrar a una fábrica o tener un empleo de bajo nivel. Esos trabajos ya no existen. Todas las plantas automotrices han cerrado. Todo se ha cerrado. Tenemos los McDonald’s y la comida rápida. O lo que llamamos trabajos de servicio que no emplean a la población del centro. Ahora, cuando estás en los barrios bajos, estas para quedarte. Eso es todo.

VV: ¿Tendrías alguna clase de consejo que darle a alguien que está en el barrio bajo?

CB: No, sólo diría: “Para calentarte, ve al vino en vez de las drogas e intenta que dure”

VV: ¿Estas tratando de hacer alguna declaración con este documental?

CB: Soy una pequeña parte del todo, el narrador, la voz. No estaba tratando de hacer una declaración, solo soy mano de obra. Hago mis declaraciones en la máquina de escribir.

VV: ¿Ayuda vivir en las afueras de Los Ángeles?

CB: ¡Y cómo! Tal vez no debería publicitar qué gran lugar es éste para esconderse, vendrán corriendo. Es un lugar donde hay muy pocos poetas, pintores, cineastas, muy pocos de cualquier cosa, menos de humanos comunes. Y eso es muy refrescante, tan solo conocer a alguien que no es llamado artiste. Los llamados artistas son una gran molestia en el culo, sabes. Incluso cuando son buenos, sólo lo son por un corto periodo, un año, dos, tres años. La fama los lleva al dinero o les llega las mujeres o las drogas o cualquier cantidad de cosas. Así que, normalmente, quienes se llaman a sí mismos artistas son gente lo fue en el pasado y tuvo un poco de suerte y ahora los tiene agarrados sus agentes publicitarios. Siempre digo que puedes irte a la cama siendo escritor y despertar sin ser nada en lo absoluto. Esto es porque no has vivido correctamente, actuado correctamente, o tomado suficiente. Pienso que he durado porque empecé tan tarde que todavía estoy ganando terreno. Es como cuando te vuelves famoso a los 23, es muy difícil durar incluso hasta los 32. Si te toca un salpicón de fama cuando tienes 53, eres más apto para manejarlo. Así que ahora tengo setenta y pienso que mi cabeza no ha cambiado mucho. La máquina de escribir sigue tarareando y creo que está produciendo buenas porquerías.

VV: ¿Piensas que las mujeres han cambiado muchos desde que escribiste Mujeres?

CB: he estado con la misma mujer por doce años, he sido un buen chico y no la he engañado, así que tendré que irme un poco al pasado. Dudo mucho que las mujeres hayan cambiado para nada. Son criaturas muy difíciles y caprichosas. Muy cambiantes. Difícilmente los hombres son tan cambiantes como ellas, creo que esa es la gran diferencia.

VV: ¿Dirías que es porque las mujeres son adaptables?

CB: No son adaptables (ríe). Mierda, no lo son. Son más frenéticas.

VV: ¿En qué sentido?

CB: Para comenzar están atrapadas por el modo de admirar a una mujer en este país: por su belleza, como le llaman. Sabes, sus rasgos faciales, los pechos, los ojos, las nalgas. Y las mujeres tienen todo eso en abundancia en sus mejores tiempos, en la plenitud de su vida. Se acostumbran a la adulación, a los regalos y a tener a todos los ojos sobre ellas. Pero cuando eso termina, como acontece al envejecer, extrañan esa sobre adulación. Cuando les quitan eso, he visto que se amargan. Me parece muy triste porque han mordido el anzuelo.

VV: ¿Entonces dirías que las feministas están en lo correcto, que una mujer debe desarrollar su mente?

CB: Ese es un muy buen punto, pero hay todo tipo de feministas. Algunas mujeres se vuelven feministas después del acontecimiento que mencioné. Si pudieras volverte feminista antes de la catástrofe, diría que serias una mujer muy sabia. Hay buenas y malas feministas, buenos y malos comunistas, y buenos tipos blancos y malos tipos negros. Depende del individuo.

VV: ¿En qué forma eres distinto de tu imagen de macho misógino?

CB: Esa imagen está hecha por chismes de gente que no ha leído la totalidad de mis páginas. Es más o menos palabrería, cosa de chismes. Casi, lamento decirlo, sin fundamentos. Excepto que, yo diría en mi vida, cuando he conocido a una mujer que podrías llamar mala, una perra, la he escrito como una perra. También cuando he sido un cabrón, escribí de mí mismo como cabrón. Así que pienso que soy bastante justo.

VV: Donde termina Henry Chinaski (el protagonista que más se asemeja al autor) y donde comienza Charles Bukowski?

CB: Son casi lo mismo con excepción de un mínimo embellecimiento que evita que me aburra demasiado con él.

VV: Acabo de leer Hollywood (La novela acerca de Barfly). Podría haber sido una experiencia amarga, pero ahí estaba ese tipo amable pasando el mejor momento de su vida.

CB: En ocasiones soy un tipo agradable

VV: ¿Qué es peor, un fan demasiado celoso que aprecia tu trabajo o un fan que piensa que ella o él conoce al verdadero Bukowski?

CB: Ambos son iguales de odiosos.

VV: ¿Son diferentes de aquellos con los que has terminado peleándote en bares?

CB: prefiero a la gente en los bares porque es un desmadre común y corriente. Un tipo dice: “¿Quieres que nos salgamos?”. Eso es lenguaje claro y directo. No está preocupado por tus créditos literarios ni nada.

VV: ¿Alguna vez se te han acercado para hacer un comercial de cerveza?

CB: No

VV: ¿Lo harías?

CB: Debería tener algo de humor y ser distinto de los que hay ahora con esas chicas bailando y toda esa mierda estúpida. Tendría que examinarlo primero.

VV: ¿Crees que las Universidades arruinan a los escritores?

CB: Si eres suficientemente débil como para buscar instrucción, por lo general no eres suficientemente fuerte como para hacer cualquier otra cosa.

VV: ¿Son peores los profesores de creación literaria que los que se nombran artistas?

CB: Ay, Dios, no sé quién es más repugnante. Casi todo es repugnante excepto están cerveza.

VV: No das muchas entrevistas. Incluso cuando tu libro salió este año, ¿no quisiste conectarlo a través de los medios?

CB: Ésa es una de las grandes cosas de no ser publicado por un editor grande de Nueva York. Esos pobres pendejos tiene que ir por ahí a firmar libros, a fiestas y (sus publicistas) dicen: “oh,

estas en la tele en la mañana y en el show de Carson en la noche”. Es vivir el puto infierno. No tiene nada que ver con escribir. Sólo eres un vendedor empujando un producto. Y un escritor nunca debería hacer eso. Su escritura debería ser suficientemente fuerte para vender sola.

VV: ¿Cómo te sientes acerca del título “poeta del infierno”?

CB: Me parece ridículo. Es demasiado glamoroso porque incluso cuando estuve en el “infierno”, lo disfrute: todos los cuartuchos en los que viví, el cuartito barato en el que moría de hambre intentando escribir, adoraba estar todo jodido y medio loco. Adoraba estar en el infierno y no ser capaz de reunir la renta por esperar respuestas de un cuento que envié al New Yorker. Sentía que realmente estaba viviendo en lo alto y bien. No estaba en el infierno. Para otra persona tal vez habría parecido así. Para mi era necesario y grandioso y brillante, apostar. Lo amaba.

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