Y dijo Dios: “Hágase la música”

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En la imagen: Dios como arquitecto del universo.

Aquel primer periodista de la historia, seguramente nunca imaginó la fama que a la postre iba a tener esa primera nota suya. Me estoy refiriendo a aquel precoz cronista que, hace aproximadamente mil ochocientos años, en setecientas treinta y tantas palabras en la traducción al español, narró la creación del mundo.

Ese acontecimiento levemente importante, (nótese el tono irónico), ha sido motivo de distintas interpretaciones, sesudos estudios y multifacéticos homenajes a lo largo de la historia. Tal vez por ser las más impactantes en lo que a lo visual se refiere, las representaciones pictóricas se han vuelto las más famosas entre el gusto del público y los especialistas.

Sin embrago la música no podía quedarse atrás, y si tomamos en cuenta que la música comenzó a desarrollarse en un contexto religioso, pues sólo era cuestión de tiempo para que a algún genio se le ocurriera ponerle melodía y armonía al asuntito. Sin hacer un recuento de cuando y cómo se ha hablado de personajes bíblicos en la historia de la música, entre otras cosas porque aquí no me cabe, diré que en el barroco y el clasicismo hubo importante acento en la exaltación de los textos canónicos y sus actores.

Resulta que a finales del siglo XVIII, con su amigo y tan admirado alumno Mozart ya en la tumba, Franz Joseph Haydn, recibe un texto basado en el Paraíso perdido de John Milton y en el Génesis bíblico listo para ser musicalizado. En aquellos años, Haydn era un músico completamente consagrado en vida, algo que muy pocos artistas disfrutaron, así que con sus 104 exitosas sinfonías respaldándolo, se dedicó a divertirse durante la composición de su obra coral más famosa.

El resultado fue una obra monumental, sí, un poco extensa, también, pero que pese estar basada en un texto fundamentalmente religioso, tiene un tono amable y, a ratos, juguetón, que no siempre es fácil de adoptar en piezas de esta naturaleza. Su éxito fue inmediato, y la realeza de Viena, que fue la principal impulsora del proyecto, fue la primera audiencia del portento terminado, en dos audiciones privadas, el 29 y 30 de abril de 1798.

Encore: Va este dato para la trivia: el día de su estreno en París, en la Nochebuena de 1800, el primer cónsul imperial francés, que era uno de los invitados de honor, llegó tarde a la audición porque en el camino sufrió un atentado contra su carroza. Al dichoso cónsul le dio tanto coraje el contratiempo, que hasta en su lecho de muerte lo recordó. Era Napoleón Bonaparte.

 

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