Shakespeare para bailar

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En la imagen: La famosa escena de la pelea de West side story

 

Del vasto legado musical de Shakespeare a la cultura universal, la música se ha visto particularmente nutrida. Desde Mendehlsson y la música que compuso para El sueño de una noche de verano con su llevada y traída “Marcha nupcial”, pasando por Verdi y su Falstaff, única ópera cómica del gran coloso italiano, hasta llegar, por supuesto, a la historia de amor más famosa: Romeo y Julieta.

Haciendo una lista rápida de los homenajes musicales que la han hecho a la tragedia de los dos jóvenes veroneses están la obertura-fantasía de Tchaikovski, la sinfonía dramática de Héctor Berlioz, y el ballet de Prokofiev; pero la lista oficial, por supuesto, es mucho más larga, y en ella, nos encontramos con una obra que no se llama Romeo y Julieta, pero que en esencia, es la misma historia, con otro nombre y en otro lugar. Se trata de West side story, musical de mediados del siglo pasado, cuya partitura fue compuesta por el gran Leonard Bernstein.

En esta obra, ambientada en el convulso Nueva York de los años 50, dos pandillas luchan por el control del territorio: los Sharks, de origen puertorriqueño, y los Jets, americanos nativos. Un día, Tony, integrante de los Jets, se enamora de María, hermana de uno de los miembros de los Sharks, y estoy seguro de que cualquiera de ustedes podría decirme el resto de la historia: el amor prohibido llevará a los protagonistas a poder estar juntos sólo en la muerte.

Después del polémico estreno, Leonard Bernstein compuso una suite sinfónica con los temas más destacados de la obra, en la que captura la esencia de los ritmos que se escuchaban en la Manhattan de la época: jazz, blues, cha-cha-cha, y un mambo que se ha vuelto predilecto del repertorio de cualquier orquesta. La suite de danzas sinfónicas de West side story destaca por su brillante orquestación, en la que las percusiones están siempre hiperactivas, en cualquiera de los ritmos que la obra contiene.

Encore: Sería difícil y hasta ocioso suponer si a Shakespeare le han gustado o no los homenajes que le han hecho a su obra; hay unos mejores que otros, pero para bailar, sin duda, el premio se lo lleva el genial Leonard Bernstein.

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