Lo que Zaratustra quiso decir…

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En la imagen: Una escena de 2001: Odisea del espacio, un clásico cinematográfico-científico-musical imperdible.

 

Imagino que recordarán, en la historia reciente de México, a un peculiar presidente que tuvo un vocero cuya función era explicar, de la manera más sensata posible, los recurrentes lapsus linguae del gobernante. Esto de andar haciendo exégesis de discursos ajenos es un cuento muy contado en la historia misma de la humanidad, unas veces más afortunadas que otras.

Zaratustra fue el nombre de un reformador religioso que vivió en lo que hoy es el noroeste de Irán hacia 630-541 a.C. Su legado fue el de “poner orden” en el politeísmo ideológico de aquella época en ese lugar del mundo. Como todos lo líderes sectarios de la historia, fue perseguido y aún hoy, los remanentes del zoroastrismo siguen siendo perseguidos por fundamentalistas islámicos.

En 1893, Friedrich Nietzsche publicó uno de sus más célebres libros, titulado Así habló Zaratustra, en el que interpreta, desde su muy particular punto de vista, el fundamento de la religión zoroástrica, cuyo fin, según su muy nietzscheana idea, era la superación del hombre a través del poder. ¿Alguien puede decirme qué otro libro de Nietzsche habla del poder? Acertaron quienes respondieron que la mayoría.

Tres años después, en noviembre de 1896, Richard Strauss estrenó en Frankfurt su poema sinfónico homónimo del libro del filósofo alemán, en el que toma los títulos de algunos de los pasajes de la obra literaria para hacer gala de la orquestación, de la que él era un enorme exponente. Al día de hoy no es del todo clara la intención de Strauss de hacer una descripción musical del libro de Nietzsche, pero es seguro que tuvo completa libertad para poner sobre el pentagrama lo que le vino en gana, y lo hizo muy bien.

En 1968, Stanley Kubrick realizó una rotunda obra maestra cinematográfica titulada 2001: Odisea del espacio, en cuya banda sonora podemos escuchar la potente introducción del poema sinfónico de Strauss. Las imágenes enmarcadas por la música son una terrible metáfora de lo difícil que ha sido evolucionar para el hombre y, en el camino, tratar de entender quién es y qué viene a hacer a este mundo. Poca cosa.

Encore: A principios de 2015, un humilde melómano se propone la tarea de escribir una nota, (¡¿otra?!), acerca de la obra sinfónica de Strauss, que está “libremente” basada en el libro de Nietzsche, libro que a su vez interpreta muy personalmente una religión que, como todas, posee una visión difícil de penetrar para los ajenos a ella. Mejor no se compliquen tratando de entender quién quiso decir qué, sólo escuchen y disfruten.

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