Jaime López en tres tiempos.

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LETRAS

Para Jaime López “la canción es la semilla de todas las artes literarias”, y bajo esta frase ha organizado su garganta en las últimas décadas. Su poesía es una de las herramientas que más utiliza en su taller, que no involucra más que su guitarra y sus letras.

La gravedad de Jaime inicia en el verbo y la facilidad de colarse en todas sus canciones. Esta dinámica nació en la frontera mexicana, más tarde la desarrolló en su trayecto hacia  el centro, sitios en los que recolectó notas entre los ochentas y noventas, sacando grandes historias disfrazadas de discos como “Jaime López (1989)”, “Desenchufado (1998)” y  “Mujer y Ego (2011)”.

Un momento justo para ver nacer a alguien que divagaba sobre la izquierda y la literatura. Al mismo tiempo creó una fuerte e inteligente parodia, dándose el gusto de ser un romántico y un sujeto que organizaba conciertos ilegales con su primera banda de rock: Máquina 501, la cual, por supuesto, era una antítesis de aquel supuesto orgullo sonorense sobre el Héroe de Nacozari.

Es primordial comenzar a deshojar a Jaime por la letra, porque para él “el idioma natural es el instrumento más importante”. La armonización de su música llegó por inercia. Y es que no existe una frase de Jaime que se quedé revoleando en nuestro inconsciente.

LA PIEZA APARTE

Jaime tenía claro de qué se trataba el son huasteco y la cumbia; mientras tanto el rock pasaba como un experimento del que mucho se hablaba en ese México de finales de los setentas, que luchaba por nacionalizar el género a como diera lugar.

Es casi un pecado no mencionar a Leonard Cohen y Bob Dylan para seguir comprendiendo a Jaime López, porque por casualidad o no, supo calcar, a su manera, las movidas culturales que se hacían con el rock y la literatura. Además su voz rasposa y nada perfecta fue el instrumento primordial.

Aterrizó su idea, la unió a su investigación previa de la tropicalización y las formas se crearon por si solas. A partir de esto, no estaría en ningún círculo: no tocaría jamás en Avandaro y recibiría la peor calificación en la historia del OTI. Jaime sería la pieza aparte.

  VOCES

Cecilia Toussaint, Rockdrigo, José Manuel Aguilera, El Piporro y hasta Café Tacvba son parte de la carrera de Jaime López. En sus propias palabras, todos ellos fueron los actores de sus obras de teatro.

Tal vez la pieza más relevante en su carrera fue Cecilia, al dejarse moldear por los tonos de López, los cuales curiosamente resultaban afeminados y encajaron siempre en la sensualidad de Toussaint.

Con Aguilera en 1994 grabó Odio Fonqui, otra obra en la que el ridiculiza el título del disco  y también crea una de sus más importantes canciones, “Chilanga Banda”, con esta pieza como un gran letrista pasa desapercibido.

Su agilidad de cambiar letras, sujetos y notas se pronunciará el próximo viernes 17 de abril en el Breve Espacio Puebla, 7 Norte #8 Centro.

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@dianaegomez

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