Frank, o la cabeza de papel maché que divide la ficción de la realidad

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Juan de la Serna

Quizá el nombre de Chris Sievey no suena familiar en nuestros tiempos, pero, para algunos, su personaje Frank Sidebottom, sí. Una cabeza hecha de papel maché pintada con un rostro humano da vida a uno de los personajes más enigmáticos de la década de los 70.

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Involucrado con la televisión, comedia y en especial la música, el hombre dentro de la cabeza siempre tenía proyectos interesantes que que hicieron que el personaje adquiriera un status de culto a principios de los 90.

A pesar de haber sido una gran influencia para artistas contemporáneos, sus últimos días en 2010 los pasó en la pobreza, antes de morir de cáncer. Sin embargo el deceso de esta figura emblemática no pasó desapercibido, y rápidamente amigos y admiradores juntaron fondos para hacer un funeral, así como diversos tributos.

Uno de ellos pensado por Jon Ronson, (escritor que fuera tecladista para Frank Sidebottom en Oh Blimey Big Band), quien por medio de una película en la cual cuenta su llegada a la banda y principalmente la historia de Frank, logra con parte realidad y ficción hablarnos de temas que captarían la atención de cualquier ávido admirador del curioso personaje, o de la música en general.

Lenny Abraham, director de Frank, narra la simple pero a la vez divertida historia de la banda ficticia Soronprfbs, cuyos integrantes parecerían una fina selección de la gente más extravagante que tuvo alguna vez un instrumento en mano.

A lo largo de la cinta, habla del proceso creativo no sólo de Frank sino de los demás miembros, desde sus más profundas fuentes de inspiración hasta los toques finales de una composición musical.

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Junto con la historia de esta banda, se encuentra la de Jon (Jon Ronson en la vida real), un “talentoso” tecladista que está luchando por encontrar su identidad musical y quien llega a unirse a Soronprfbs para reemplazar al precedente. A pesar del descontento del resto del grupo, Jon se une para dar una nueva perspectiva al mismo.

Sin embargo, aunque su compromiso con la nueva banda es absoluto, Jon, a diferencia de sus compañeros, sí es una persona que busca la exposición y el reconocimiento por parte del escucha. Lejos de tener el talento de los demás, el nuevo integrante sirve como cronista los pormenores de este subterráneo quinteto en el mundo digital.

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La película funciona como una suerte de pastiche de referencias a artistas/grupos reales que han creado involuntariamente todo una mitología a su alrededor, (entre ellos se evidencia el trabajo de personajes como Captain Beefheart o Daniel Johnston), quienes, al parecer indescifrables o tener una verdad a medias, crean una atmósfera de misticismo e intriga frente a una audiencia hambrienta por descifrar cada aspecto y tener verdades absolutas.

Frank aborda, por un lado, la gran recompensa y emoción de hacer música con otras personas; pero por el otro, la inseguridad de saber si tu material es lo suficientemente bueno, si tienes un verdadero talento o sólo formas parte de una casualidad espaciotemporal aunada a un poco de suerte.

El don natural que una persona como Frank tiene para hacer música prácticamente de la nada, un Rey Midas con habilidades de composición, lo hacen no sólo el líder de su banda si no también un personaje enigmático e interesante. Pero esto ¿se construye o ya se trae en la sangre?

¿Es la fama o el reconocimiento lo que hace importante una banda? ¿Son las ventas de discos, los grandes escenarios y las abarrotadas presentaciones? Soronprfbs nos hace replantearnos la idea de lo que una banda debería ser hoy en día, su lado imperfecto pero a la vez más creativo y humano.

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Recomiendo esta película a cualquier persona que tenga una banda o que quiera conocer una perspectiva sobre todos estos aspectos que no se ven en el escenario, donde no todo siempre son luces y aplausos, muchas veces hay enojos, bloqueo creativos y esta necesidad de siempre mantenerse fiel a ciertos principios que no siempre encajan con lo que el público espera.

Quizá no todas las bandas pequeñas valen la pena o se quedan en el intento, pero de vez en cuando hay un proyecto maravilloso que no precisamente necesita una gran audiencia, mucho menos el aval o reconocimiento de nadie, aspecto que mi parecer no lo desvirtúa sino lo engrandece.

 

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Juan de la Serna es la cabeza greñuda detrás del logo del Wild Brunch. Usa camisas de cuadros y le gustan el sexo, el rock y la pizza, en ese orden. En Twitter le dicen @eldengue.

Programa radiofónico. De lunes a viernes de 10:30am a 12:00pm por 96.9 fm Radio BUAP. Va de música contra la lasitud.

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