Para bailar como un eslavo

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La exaltación de los rasgos que conforman la patria de un compositor, ha sido tema de innumerables obras a lo largo de la historia musical. Entre quienes han aprovechado este recurso se encuentra el compositor bohemio Anton Dvorak. Toda la obra de este compositor está salpicada de aires tonales propios de la región donde nació, hoy perteneciente a la República Checa.

Sin embargo, una de las obras donde más que ocupar temas nacionales como pretexto para una obra, hace un profundo homenaje a su patria son sus danzas eslavas. Originalmente escritas para piano a cuatro manos, fueros posteriormente orquestadas y de inmediato conocieron el éxito en todas las salas de concierto donde se interpretaron. Fueron estas danzas las que dieron a Dvorak una sólida reputación como compositor y en consecuencia la fama inmediata. Inspiradas en las danzas húngaras de Johannes Brahms, Dvorak tomó solo los ritmos de las danzas originales, pues las melodías son completamente suyas. En total suman 16 danzas que fueron divididas en dos grupos de 8 y numeradas respectivamente como opus 46 y opus 72 dentro del catálogo de la obra del compositor.

La elegida para abrir el concierto de esta semana es la número 4 del opus 46, titulada Sousedska. Es una danza poco agitada, arreglada por Dvorak en un tono más pomposo y triunfal que las demás, y contiene además reminiscencias valsísticas y elegantes que la distinguen por su fino equilibrio. La Filarmónica 5 de mayo abrirá el concierto del próximo domingo 15 de febrero con esta obra. La cita es a las 12 horas en el Auditorio de la Reforma.

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