¿QUÉ DEL COSMOS HA INTERESADO MÁS A LA HUMANIDAD?

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IMAGEN UNO PARA EL BLOG DE CIENCIATal vez lo primero que hizo el hombre al “descender de los árboles” (valga la expresión para definir a la nuestra como especie en sí), fue mirar su entorno y voltear la cara al cielo. Una vaguísima intuición le dictaba que quizá las estrellas eran el origen, el lugar de la materia del hombre  y por qué no, el punto de llegada al final. Los antiguos pensadores de Alejandría en Egipto ya nombraban los cuerpos brillantes de las noches sin nubes, eran las estrellas y los errantes, para el caso de los últimos su carácter inestable respecto a su posición en el cielo y su extraño brillo no intermitente que de pronto aparecía por aquí o por allá, permitió a los observadores del firmamento sospechar que tal vez la Tierra fuese igual que ellos.

Una Tierra vaga, un punto más en el espacio, tan solo un planeta girando en torno a otra estrella más, igual que las otras que brillan por cientos o miles. Ideas éstas, revolucionarias y peligrosas. ¡No puede ser “una más” la obra de Dios narrada en el Génesis! El conflicto entre el saber racional y experimental con el saber dogmático fundado en la fe comenzaba y su pugna parecía durar para siempre. Así, la naturaleza cósmica de nuestro hogar rotatorio ha sido uno de los más inquietantes temas a discutir en el entendimiento del espacio exterior.

IMAGEN DOS PARA EL BLOG DE CIENCIALa humanidad establecida como sociedad sedentaria gracias a la agricultura y la ganadería ya no dependía de las habilidades de caza o  recolección. Eran las estaciones del año y la capacidad para observar y aprender de la naturaleza lo que permitiría sobrevivir. Las estaciones del año dependen de la inclinación del eje de rotación terrestre y de la posición de nuestro planeta en su órbita en torno al Sol, pero, estos mismos factores son la causa de la posibilidad de avistar constelaciones, nebulosas, cometas cíclicos o semicíclicos, etc. Así, la aparición de tal o cual forma en el cielo marcaba el inicio o fin de la época de siembra o cosecha, la caza de animales con pieles para cubrirse de las inclemencias del ambiente, o el mejor momento para invadir el territorio vecino o huir por la crecida de las mareas y el desborde de los ríos. La relación del hombre con la región  visible del cosmos y la significancia de éste en la vida cotidiana fue, sin duda, otro de los intereses históricos del hombre hacia el espacio. Incluso en la actualidad, ¿cuántos aún consultan su horóscopo en año nuevo o cada mañana antes de ir a la escuela o trabajo?

Las estrellas vistas en una noche despejada y en Luna nueva, lejos de las contaminadas ciudades de nuestro tiempo, ofrecen un espectáculo sin igual y para los científicos son materia de innumerables preguntas y temas de investigación. La era nuestra en la ciencia moderna, la de después de galileo, entre otras cosas, derivo en la astronomía, del matrimonio entre la astronomía y la física nació la astrofísica y con ella un espacio exterior tan basto e infinitamente extenso como el alud de preguntas por venir. Esas estrellas que parecen luceros adheridos a una manta azul oscurísima o negro ligero parecen estar todas a la misma distancia de la Tierra, sin embargo, los estudios acerca de los ásteres que invaden la bóveda celeste cada noche, revelan que la distancia entre estos cuerpos es, sencillamente, inimaginable. La disposición de las estrellas, su edad y brillo ha sido, desde la joven astronomía de telescopios ópticos hasta los radio telescopios del desierto de Atacama en Chile o el Gran Telescopio Milimétrico en nuestro país, una de las principales áreas de interés en la ciencia espacial.

Pero, esas estrellas, nebulosas o planetas que hoy se estudian, han intrigado a la humanidad no solo por sus enormes dimensiones, longevidades estratosféricas, o distancias poco pensables, también, su origen, junto al origen del cosmos en su conjunto ha sido la pregunta de preguntas en lo que a la ciencia respecta. Han surgido así, teorías como “La gran explosión” o ¡Big Bang! Intentando datar, incluso con lujo de atrevimiento, el origen del universo. La idea de un espacio que explota y centros de altísima acción gravitacional como los agujeros negros, que bien pueden derivar en conjunto en una súper implosión cósmica, nos conducen a la idea de un cosmos que de forma eterna explota e implota creando y destruyendo infinitos universos. Vemos pues, que el origen y destino del cosmos (al menos del actual cosmos) es una más de las encrucijadas en las que la humanidad disfruta de su intelecto.

La cuenta podría seguir: composición química estelar, exploración mediante sondas de planetas y regiones “cercanas”, radiación cósmica, agujeros de gusano, curvatura del espacio, nacimiento de estrellas, etc. Pero, sin duda, en un renglón en el que debo detenerme es en la búsqueda de vida pasada, presente o futura en otros lugares del extenso espacio exterior. Es ahí, donde encontramos el campo de estudio de la astrobiología o exobiología; no es ciencia ficción, tampoco es la guerra fría (que llevó al hombre a la Luna), es más bien el entendimiento de verse en un planeta agotado por la ambición humana y los egos disfrazados de nacionalismo por todos los territorios de la Tierra, lo que condujo al ser humano a pensar en “irse a vivir a otra casa”, sin embargo, el estudio de la vida fuera de nuestro planeta ha derivado en otros temas como el descubrir con mayor certeza el origen de la vida aquí a partir de la vida que potencialmente se puede generar allá. O el descubrir otras posibilidades análogas a la vida conocida, por ejemplo, vida basada en moléculas con enlaces de silicio y no de carbono. La exobiología es, por su puesto, otro trascendente campo de reflexión e investigación que hace al hombre mirar las estrellas.

Hoy y mañana, nuestra universidad, la BUAP, participa en el Foro de Investigación BUAP-AEM (Agencia Espacial Mexicana), buscando la colaboración entre instituciones que permitan detonar la actividad científica en lo que respecta al estudio del espacio. Los profesores, científicos y estudiantes de la BUAP, miramos, nos preguntamos, disfrutamos e investigamos la bóveda celeste, el cosmos, el firmamento, el espacio que avanza incesantemente mientras nos volcamos hacia él. Hasta la próxima. ¡Sigamos dudando juntos!

eduardopinedav@ymail.com

Eduardo Pineda Biólogo por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Conduce el programa "La Duda Metódica" en su canal de YouTube: Eduardo Pineda. Divulgador de ciencia y huamanidades, ha colaborado en el CUPS y la DGB de la BUAP. Actualmente colabora con temas de filosofía y literatura los sábados por la noche en el programa "Veladas Literario Musicales" de la HR (1090 de AM) y en Lobo Radio (www.loboradio.mx) los viernes por la mañana. Conduce junto a Exal Muñoz el programa El Sendero de los Sauces en el 107.1 FM Vanguardia Radio en la Cd. de Huejotzingo, Puebla. Se desempeña también como responsable de Vinculación Internacional en la Secretaría de Vinculación de la Universidad Tecnológica de Huejotzingo e imparte cursos, talleres y conferencias acerca de ciencia y humanidades.

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