Mozart’s House

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©2013-2015 GuilleZeus

La búsqueda por una definición de cultura ha llevado una serie de debates desde que el hombre vive en sociedades. Existen personas que comenzarían a ilustrar sus definiciones con un sinfín de escritores, músicos, pintores y escultores. Kubrick, Nabokov, Van Gogh, Beethoven y Mozart, figurarían en la interminable lista de los protagonistas que han ampliado el crisol de la cultura. Pero, ¿realmente la cultura sólo se puede limitarse a cierto tipo de artistas, pensadores, usos y costumbres?

La cultura es el conjunto de expresiones y formas que caracterizan a determinada sociedad en el tiempo. Por “expresiones y formas” podemos entender manifestaciones artísticas, lenguaje, cosmovisiones, códigos éticos, vestimenta, costumbres, tradiciones, religiones y todos los rasgos que hacen de cada sociedad única e irrepetible.

Desde este punto de vista, resulta imposible crear una clasificación entre lo “culto” y “no culto”. No es válido menospreciar ciertas manifestaciones a comparación de otras por el hecho de que no cumplan lineamientos designados arbitrariamente. Así, lo naco, corriente y varil pierden la calidad de descalificar a lo que es distinto a nosotros. Porque, a lo largo de la historia del hombre, se ha temido, juzgado e incluso atacado a todo aquello que está fuera de los parámetros de una “normalidad”: según Georges Vigarello, una ordenanza parisina de 1585 dictaba que “Conviene prohibir los baños, porque, al salir de ellos la carne y el cuerpo son más blandos y los poros están abiertos, por lo que el vapor apestado puede entrar rápidamente hacia el interior del cuerpo y provocar una muerte súbita, lo que ha ocurrido en diferentes ocasiones”.

Pequeña serenata nocturna no es mejor que Mozart’s House: ambas son cultura.

Peor que un encuestador del INEGI.

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