El por qué de los nombre científicos

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IMAGEN SISTEMA NATURAE

Cuando estudiamos ciencias, particularmente ciencias biológicas, durante nuestra formación encontramos un sinfín de nombres en latín o latinizados que más que otra cosa parecen trabalenguas, pero esa nomenclatura que nos parece tan extraña cuando vistamos un museo de historia de natural o cuando leemos la parte trasera de un empaque de comida vegetal, tiene toda una historia detrás.

Antes de 1758, los naturalistas nombraban a los seres vivos de formas muy variadas, podía ser de acuerdo al lugar donde hicieron el hallazgo, al nombre del excursionista que realizó el descubrimiento, la fecha, etc. Los seres recién encontrados podían recibir incluso muchos nombres en lugares del mundo diferentes a donde llegaban, por ejemplo, en América los exploradores que acompañaban las navegaciones colonizadoras nombraban las plantas y animales de acuerdo a lo que escuchaban de los nativos y al mandar los frutos de las colectas a Europa los naturalistas de los grandes museos de historia natural como el de Londres, ponían otros nombres que ellos consideraban más adecuados; no había un código o norma que permitiera a los hombres curiosos de todo el mundo ponerse de acuerdo para nombrar de forma unificada a los seres vivos.

Precisamente en 1758, un naturalista sueco llamado Carl von Linné, o de forma latinizada Carlos Linneo, propuso un Código de Nomenclatura Zoológica mediante su libro Sistema Naturae, obra de altísimo impacto que incluso hasta nuestros días rige la forma en que nombramos a los seres vivos. Pero claro que nombrar no es una tarea aislada y ociosa, nombrar implica por fuerza clasificar y categorizar. Cuando el mundo por fin se puso de acuerdo para esta labor taxonómica surgieron las categorías en que podemos encajonar a las diferentes formas de vida para su estudio, tenemos por ejemplo dominios, reinos, clases, órdenes, familias, géneros, especies, etc.

Cuando un biólogo contemporáneo descubre un ser que no había sido observado antes, se tiene que apegar a un conjunto de normas que le permitirán dar un nombre a ese nuevo ser para la humanidad. Por mencionar algunas de esas normas, podemos decir que, el biólogo deberá poner un nombre en latín o latinizado, que el nombre impuesto al espécimen tal, será respetado conforme éste haya sido adjudicado en fecha más cercana a la publicación del Sistema Naturae (es decir, el nombre más antiguo es el válido), no se aceptan sinónimos, si el ejemplar denostará a una familia, orden, clase, etc. De seres vivos, la terminación del nombre deberá indicar la categoría taxonómica; por ejemplo: Liliales = orden, Liliaceae = familia, Lilium = género, nos referimos a las flores lilis.

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Como podemos ver, contar con normas para nombrar nos permite conocer mejor las categorías y clasificaciones de los seres vivos, incluso, nos puede referir hasta su ¡historia evolutiva! Lo cual en biología se investiga mediante la sistemática filogenética. Normalmente observamos que los nombres científicos tienen dos epítetos integrados, por ejemplo, el ser humano pertenece a la especie Homo sapiens, el primer epíteto hace referencia al género, en este caso el género es Homo que deviene de la familia Hominidae, el segundo epíteto se refiere a la especie, sin embargo, una especie nunca debe nombrarse solo con  el epíteto específico, siempre deberá ser género y especie. Tener dos nombres en la nomenclatura científica es una ventaja, antes de Linneo, que es a quien le debemos la propuesta, los nombres científicos eran muy largos, te pongo en ejemplo: el nombre de una abeja común en el siglo XVII era “Apis pubescens, thorace subgriseo, abdomine fusco, pedibus posticis glabris trinque margine ciliatis”. Definitivamente ¡me quedo con la propuesta de Linneo!

Lo que aún se conserva es la honrosa tradición de nombrar a las especies con palabras latinizadas que hagan alusión a un científico o naturalista, al lugar de hábito de la especie, a sus características y otros datos más que nos hablan de espécimen encontrado. En la región de Valsequillo, Puebla, puedes encontrar una planta de la familia Agavaceae, la especie es Yucca periculosa, resulta curioso que esta planta tiene una espina muy aguda y filosa en las puntas de sus hojas, si investigas qué quiere decir periculosa en latín, te darás de cuenta que significa “peligrosa”, lástima que yo no había sido cuidadoso en revisar el significado antes de manipularla. ¡De verdad que sus hojas son peligrosas!

Por último y como una dosis de cultura general, te dejo los nombres científicos de los seres vivos más representativos de los 5 reinos de Whittaker (hay que saber que la clasificación más aceptada en nuestros días es la que se basa en los “dominios” de Lynn Margulis).

Maíz: Reino Plantae, Especie: Zea mays. Mosca de la fruta: Reino: Animalia, Especie: Drosophila melanogaster. Levadura de cerveza: Reino: Fungi, Especie: Sacaromises sereviceae. Codosiga: Reino: Protista, Especie: Codosiga votrytis. Bacteria estomacal: Reino: Monera, Especie: Escherichia coli

 

Eduardo Pineda Biólogo por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Conduce el programa "La Duda Metódica" en su canal de YouTube: Eduardo Pineda. Divulgador de ciencia y huamanidades, ha colaborado en el CUPS y la DGB de la BUAP. Actualmente colabora con temas de filosofía y literatura los sábados por la noche en el programa "Veladas Literario Musicales" de la HR (1090 de AM) y en Lobo Radio (www.loboradio.mx) los viernes por la mañana. Conduce junto a Exal Muñoz el programa El Sendero de los Sauces en el 107.1 FM Vanguardia Radio en la Cd. de Huejotzingo, Puebla. Se desempeña también como responsable de Vinculación Internacional en la Secretaría de Vinculación de la Universidad Tecnológica de Huejotzingo e imparte cursos, talleres y conferencias acerca de ciencia y humanidades.

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